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Asaltantes matan a taxista a balazos Intentó pedir ayuda por equipo de radiocomunicación y le dispararonLadrones huyeron sin robar nada pues vecinos salieron para ayudar a víctima Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com Dos delincuentes asesinaron de tres balazos al taxista Enrique Arnulfo Ramírez Campos, de 57 años, la noche del domingo en la urbanización Chorotega de Alajuelita, San José. De acuerdo con informes policiales, Ramírez, casado y padre de cuatro hijos, recibió un balazo en la pierna derecha, otro en un brazo y el tercero en la sien izquierda, todos desde muy corta distancia. Aunque lo trasladaron con vida al hospital San Juan de Dios, murió a las 1:30 a. m. de ayer, confirmaron familiares y el OIJ. Ramírez, quien trabajaba como taxista desde hace 20 años, había salido airoso de dos asaltos. La primera vez fue golpeado por varios atracadores y, en la segunda ocasión se lanzó del carro para huir y pedir auxilio. “Esta vez no tuvo ninguna oportunidad. A mi papá lo mataron a sangre fría; no pudo defenderse. Esto es una cobardía”, exclamó su hijo Bryan Alonso Ramírez Hernández, de 21 años. Prestaba servicio en el centro de Heredia, siempre de noche, “porque era su horario favorito y así pasaba el día con la familia”, añadió, conteniendo el llanto. Sin sospechas. A las 11 p. m. del domingo el taxista se encontraba frente al hospital San Vicente de Paul, Heredia, cuando lo abordaron dos jóvenes solo descritos como “morenillos y delgados”. Ramírez, quien por razones de seguridad, al igual que otros taxistas, evitaba llevar a “gente sospechosa”, no detectó en los sujetos nada extraño y manejó hacia Alajuelita. Cuando llegó al sitio indicado, uno de los pasajeros sacó un revólver y le advirtió que era un asalto. El taxista, según un vecino, les dijo que se llevaran todo lo de valor, que no lo mataran. Sin embargo, en algún momento intentó alertar a otros taxistas por el equipo de radiocomunicación, lo que enfureció a los delincuentes. Fue en ese momento cuando le dispararon en tres oportunidades “a quemarropa”, dijo la Policía. Varios vecinos corrieron al escuchar los balazos, lo que obligó a los asaltantes a huir. “A mi papá no le robaron nada. Deberían existir leyes más fuertes para ese tipo de asesinos y no tantos beneficios”, se quejó su hijo Bryan.
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