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Calvario por licencia

Filas interminables, “gavilanes” por doquier, bostezos, multitudes... un auténtico viacrucis

Wilbert Arroyo Álvarez
Abogado

Muy temprano llegué a las oficinas encargadas de otorgar licencias para conducir y el horizonte no podía ser más desalentador: filas interminables me esperaban; “gavilanes” por doquier, empleados públicos bostezando y estirándose; otros en su “hora de café” (¡cuando en realidad no eran ni las ocho de la mañana!); mucho de todo, precisamente como para devolverse y no hacer ningún trámite.

Pero ya estaba ahí y enfrenté, con estoicismo ciertamente, la situación. Primero fui a las decenas de “consultorios médicos” (si se les puede llamar así) que abundan alrededor de esas oficinas y “regalarles” cinco mil colones para que una persona quien dijo ser “el médico” firmara un formulario donde hacía constar que estaba más sano que un roble: ¡el machote ya lo tenía lleno!

Injusto cobro. Después fui a retirar “el entero” del Gobierno y me aparecen multas por infracciones en fechas que no pude andar conduciendo pues estuve hospitalizado; además eran del 2000 y 2003, sobradamente prescritas. No obstante alegar eso, me “amenazan” con que, entonces, debo ir al Cosevi para que me “arreglen” (sic) el problema. Decido pagar las multas pues no tengo tanta paciencia ni tiempo para ir a “otro calvario”, peor que el que vivía.

Fui a pagar tales multas al Banco –eso sí: solo Nacional o de Costa Rica, que quedan a más de un kilómetro de las oficinas de licencias– y “¡vuelva a hacer filas!”.

Al llegar de nuevo a “licencias”, otra vez debo hacer más filas; el dictamen médico ni siquiera me lo pidieron, como mínimo lo ojearon, y luego de hacer la quinta fila en ese día, esperaba a que me sacaran la foto, firmara un libro de “recibido” y, por fin, 8 horas después de iniciar el viacrucis, tenía mi licencia “renovada”.

Salí muy cansado, pues no había podido almorzar, ni tomar un poco de agua, con los nervios al tope de tanta gente hacinada en ese pequeño lugar y con una pésima atención de quienes dicen “servir”; es decir, ser funcionarios públicos.

En nombre de muchos. Por todo eso, creí necesario hacer pública mi queja, en nombre de miles de ticos y extranjeros que día a día deben sacar energías de donde sea para enfrentar esa pesadilla.

Ojalá que se reforme la normativa en esta materia y se ajusten los procedimientos al tan sonado “gobierno digital”; se centralicen los trámites en varias “ventanillas únicas”; desparezcan a los “gavilanes”, quienes tienen que ver con esos “sospechosos retrasos”, pues la malicia se enciende cuando algunos de ellos entran y salen de esas oficinas como “Pedro por su casa” y que, en cuanto a las multas prescritas, esto se declare de pleno derecho, o sea que no hayan necesidad de que una autoridad judicial o, extrañamente, el Cosevi, lo declaren así pues, perfectamente, los funcionarios que atienden el trámite podrían dejar de cobrar las que estén evidentemente prescritas, sin que deba uno pagarlas para evitarse la “romería” de un larguísimo día.

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