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Cine infantil y valores ¿Quién autoriza películas que ridiculizan y desvalorizan nuestra cultura?Giovanna Mora Mata Médica cirujana Como toda adulta que satisface a su niña interna, la llevé al cine un día de tantos, esperando que se riese, llorase, se enterneciese. Pero esta niña, asistió con otra, esta una adulta más joven, su hija. Si bien reímos, saltó alguna lágrima a nuestros ojos, lo que más me impactó fue cuando le pregunté a mi hija si le había gustado la película, pues a mí el final no me satisfizo. Me costó salir de mi asombro cuando me respondió que no le gustó en su conjunto. Pero lo más sorpresivo fueron los porqués: una película que atenta contra nuestra cultura, nuestros valores y se aleja de la realidad, para dejar a unos cuántos como héroes: los menos solidarios, los más depredadores. Valores ignorados. Una película en la que al latino se le ridiculiza: el más pequeño, el malhablado, el miedoso, el iluso, el soñador, el torpe, el holgazán. No se ensalzan su valentía, su solidaridad, su compañerismo, su ternura, su espontaneidad, su capacidad de adaptación, su simpatía, su imaginación, su inventiva, su heroísmo, su riqueza cultural: “su sabor”. La manipulación de las masas, a través de conductas preestablecidas y del “liderazgo ancestral”, tiene como finalidad mantener el statu quo, anular la espontaneidad y la individualidad. Se excluye a los que son diferentes, sin valorar estas diferencias. El poderoso, el aceptado es el más grande físicamente, el que cumple con los estereotipos establecidos. La salvación de la especie en extinción implica una nueva masificación, sin modificar la mayoría de los estereotipos y que la especie milenaria satisfaga a la especie “superior” con determinadas cualidades, para que preserve la riqueza de los océanos y la especie en cuestión no desaparezca de la tierra. Ridículas negociaciones. Las negociaciones entre humanos para la especie animal, como se muestran en la película, son ridículas, cuando sabemos que los que no han querido suscribir los convenios internacionales para la protección del ambiente son los mayores contaminadores y explotadores de los recursos naturales en el mundo. La protección del ambiente no es una concesión; es una obligación, un deber, un derecho. Y en Costa Rica, ¿quién autoriza la proyección de estas películas que ridiculizan y desvalorizan a nuestras culturas y les inculcan antivalores a nuestros niños y niñas? ¿Quién guía a los padres y madres para que lleven a sus hijos e hijas a cine de disfrute técnico pero también con contenido? ¿Con cuál yo se conectan los padres y las madres cuando asisten a películas infantiles con sus niños y niñas?
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