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Lunes 05 de febrero, 2007
San José, Costa Rica.

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Noticias Opinión:


Un progreso bien entendido

En pos de que se revierta la tendencia de nuestra propia extinción

Joanna Cruz Rehaag
forestaurbana@gmail.com
Presidenta, Asociación Costarricense de Paisajismo

San José, ¡por Dios, qué fea es! Fue linda en alguna época, ¿qué le pasó? Desde la década de 1970, nos hemos dedicado a fortalecer políticas del ambiente, a la conservación de los recursos naturales, pero nos olvidamos de lo urbano y de la gente. El resultado: un país reconocido mundialmente por sus acciones ambientalistas, su rica biodiversidad y unas ciudades en decadencia, cada vez más feas.

Es evidente que la causa del problema es la ausencia de una planificación urbana adecuada. San Jose pide a gritos que se impulse su rescate, que se mejoren los niveles de seguridad, se promueva una mejor calidad de vida y una mayor seguridad vial. San José requiere planificadores con conciencia ambiental y sobre todo más humana. San José, así como otras ciudades de Costa Rica, necesita con urgencia más espacios verdes.

Fiera reacción. Estamos cansados de vivir en una ciudad tan fea. Entonces, no es de extrañar que, cuando se difundió la noticia de que querían talar 200 árboles de jacaranda (Jacaranda mimosifolia) plantados hace mas de 35 años y que actualmente constituyen un paisaje maravilloso durante interminables 25 minutos en un recorrido de apenas 2 kilómetros, muchos reaccionáramos como fieras y nos opusimos a semejante dendro-asesinato.

Cuando conocimos esta noticia, era poco lo que se podía hacer. Los desarrolladores contaban ya con los permisos de tala, amparados por la ley que dice que si un árbol es sembrado se puede cortar, no así los que han germinado naturalmente. También tenían estudios fitosanitarios que indicaban que los árboles estaban enfermos en su mayoría y, como si lo anterior fuera poco, en Costa Rica existe la posibilidad de decretar obras de interés público, y la ampliación a cuatro carriles para descongestionar dicha vía va mas allá de ese interés. Se había convertido en una urgencia, en una necesidad.

¡Qué impotencia ante semejante panorama!

Pero ¿sacrificar árboles? ¡No lo podíamos permitir! Sabemos de los beneficios ambientales, sociales y psicológicos que nos brindan los árboles; son incontables. Por lo tanto, no estábamos dispuestos a quedarnos callados y salimos a protestar. Nos dispusimos a abogar por la vida de esos 200 árboles y estuvimos durante días en el parque metropolitano La Sabana recogiendo firmas; muchas personas se ofrecieron a atarse a los árboles con el fin de impedir su tala; la prensa nos apoyó y se hizo patente la oposición generalizada a este desacierto.

Protesta y reacción. Por otro lado, muy oportunamente, el Instituto de Arquitectura Tropical trabajó en una propuesta donde no solamente era posible la ampliación de las vías mencionadas, sino que también incluía aceras, y se conservaban los árboles. Protestar, nosotros protestamos. Reaccionar, felizmente la señora ministra de Obras Públicas y Transportes reaccionó, y para el bien común.

Como un regalo de año nuevo, nos convocó a su despacho, y ahí nos reunimos un experto en seguridad vial, dos ingenieros, una paisajista, tres arquitectos y la señora Ministra. Durante más de una hora se externaron dudas, criterios, sugerencias, que llevaron a la determinación de que la gran mayoría de los árboles no serán talados. Solo algunos serán sacrificados para cumplir con los lineamientos de la ley 7600, que vela por los derechos de los discapacitados, y otros en pro de los peatones.

Podemos estar contentos de haber hecho progreso bien entendido. Ganamos una experiencia positiva y esperanzadora que nos demuestra que es posible devolver al ser humano un poco la alegría de vivir, en sitios donde el ambiente natural sea parte integral de las ciudades, un progreso donde prime el respeto por los seres humanos y por la naturaleza, un progreso que revierta la tendencia de nuestra propia extinción.

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