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Foto Principal: 1489393
“Ericka”: “Si uno lo piensa más, no lo hace, no traficaría”.
Adrián Arias

‘Cuando me vi en el calabozo, ahí empecé a morirme’


Vanessa Loaiza N.
vloaiza@nacion.com

“Ericka”, una española de Asturias, delgada y bajita, ingresó al Buen Pastor por el mismo delito que el resto de sus compañeras extranjeras: tráfico de drogas.

Llegó al centro penal en agosto del 2005, condenada a cinco años y cuatro meses, luego de ser descubierta en el aeropuerto Juan Santamaría con 3,5 kilos de cocaína pegados en el abdomen.

De muy pocas palabras, “Ericka” reconoce que la tentó la oferta de ganarse 9.000 euros (¢6 millones). Aunque no tenía necesidad económica, se le “metió el agua” y decidió que el dinero le serviría para hacerle un tratamiento de ortodoncia al mayor de sus hijos, quien entonces tenía 11 años.

“Me pareció fácil y no le dije a nadie (...), pero ya en el aeropuerto no sé que me pasó, me puse nerviosa o me ‘cantaron’, pero ya no le pongo cabeza a eso”, relató sentada en una salita de entrevistas de la cárcel.

“Cuando me pillaron yo no pensé en nada, no pensé ni en mis hijos, me quedé como bloqueada, hasta que ya me vi en el calabozo, ahí empecé a morirme”.

Lo más difícil de su estadía en Costa Rica es la distancia con la familia. Aunque les habla una vez por semana, le resulta insoportable no poder abrazar a sus hijos, ahora uno de trece y una pequeñita de siete años.

Esta última desconoce dónde en realidad está su mamá y por eso cree que Ericka trabaja en un restaurante de Madrid.

Esa lejanía motivó a esta joven de 34 años a pedir la repatriación. Según comentó, el trámite fue aprobado y a mediados del próximo mes será enviada a su país.

Allá espera que le cambien la sentencia y pueda cumplir lo que le falta de sentencia en libertad condicional.

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