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En Guardia Jorge Guardia El Plan Nacional de Desarrollo (PND) resulta más apetecible si se baja con tequila. Yo lo sé. Lo comprobé el fin de semana. Resulta que una copia textual del plan original, acabadita de salir de la página web de Mideplan, me miraba insistentemente desde una esquina del escritorio. ¿Sabías –me dijo– que tenemos una cita este fin de semana? No seas canalla –respondí– yo tengo algo mejor. Y me dispuse ir a la playa. Llevame –insistió–, te prometo ser discreto. Está bien. Y lo eché en la mochila, por si acaso. Llegué, puntual, al barcillo de la cita. En una mesa discreta, culo en banco, me puse a esperar. ¡Qué desplante! Ella no llegó. En el otro banquillo senté al PND y, entre copa y copa, decidí probar la copa rebosante que me ofrecía. Quería saber cómo vencer los retos de la pobreza y la desigualdad y, de paso, tratar de olvidarla. No me fue tan mal. Algo aprendí. Y me bebí su recuerdo. Al abordar la política social, nos echamos el primer tequila. No es posible –me dijo– que en 10 años la pobreza se hubiese estancado y deteriorado la distribución, a pesar del crecimiento. Hacés bien en declararles la guerra. Y tomé, a su salud, otro tequila. La comunicación era fluida; la trama, interesante, como una novela de acción. En esas, vino el otro. Y en otro de sus capítulos constaté el estrecho complemento entre las políticas económica y social, como tequila y limón. En Limón es alta la pobreza; en otros lados campea la desigualdad. Habrá que sostener un crecimiento elevado y estimular la inversión, como exige Mideplan. Y yo aproveché pa´ exigir otro tequila. Me agradó su realismo al definir la política oficial para combatir la desigualdad. Reconoció enfrentar una lucha dura, dependiente de tantas causas, incluyendo el desarrollo tecnológico. El hijo del peón que estudia computación supera en mucho el ingreso de su padre, y aumenta la desigualdad. Por eso, es preferible definir una meta realista –evitar el deterioro– en vez de pretender decapitarla abruptamente como exigen quienes quieren matar la fuente de prosperidad y plantear acciones para mejorarla a largo plazo, como educación y salud. Y, a su salud, vinieron más tequilas: uno (o dos) por cada dos (o tres) proposiciones. Todo iba bien, hasta que se comprometió, el muy rajón, a bajar la pobreza 4 puntos porcentuales. ¿Se le subieron, de pronto, los limones? Cruzó por mi mente, entre mil interrogantes, la compleja metodología del INEC para definir y templar la pobreza. Perderás credibilidad. Pedí la cuenta. Esto va por cuenta mía –ofreció– y prometió retomar la discusión. Veremos qué historia trae la próxima vez. Por ahora, no más tequila para Mideplan.
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