 Presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva
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BRASILIA (AFP) -
Un nuevo Congreso se instala el jueves en Brasil, con el estigma de los escándalos de la legislatura saliente y el desafío de resolver el duelo por la jefatura de la Cámara de Diputados, que pone a prueba las alianzas del presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Apenas un 3% de los brasileños cree que los legisladores defienden los intereses del país y 52% dice que sólo uno de cada diez tiene una actuación correcta, según una encuesta del instituto Ibope publicada por la revista Veja.
La necesidad de corregir esa imagen centró el lunes buena parte del debate entre los tres candidatos para presidir la Cámara, dos de ellos oficialistas: el comunista Aldo Rebelo, actual ocupante del cargo, y Arlindo Chinaglia, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), que lidera Lula.
El tercero es el socialdemócrata (opositor) Gustavo Fruet, representante de una corriente suprapartidaria preocupada por la degradación de las instituciones democráticas. Su candidatura fue lanzada tras la fuerte reacción popular del mes pasado contra una tentativa de los legisladores de duplicarse el salario.
El líder de la Cámara tiene el poder de dar cauce a los proyectos de ley parlamentarios y de admitir o descartar eventuales pedidos de "impeachment" contra el presidente de la República.
La disputa por el tercer cargo en el orden sucesorio del Estado se agudizó, según analistas, ante las incertidumbres sobre la salud del vicepresidente José Alencar, de 75 años, que fue operado en noviembre de un tumor en la región abdominal y sigue un tratamiento de quimioterapia.
En el Senado, las cosas se anuncian más tranquilas, y nadie parece amenazar la reconducción de Renan Calheiros, un puntal de Lula en el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro).
Lula obtuvo en octubre una reelección triunfal e inició el 1º de enero su segundo mandato, pero hasta ahora no nombró a sus ministros, en espera de que los 513 diputados y los 81 senadores designen a sus líderes.
La elección de la Cámara le permitirá entre otras cosas verificar el comportamiento del PMDB, que apoya a Chinaglia. El PMDB es un aliado clave, con la mayor bancada, pero tradicionalmente dividido, que reclama más ministerios (actualmente tiene dos).
Los pasillos de la Cámara están plagados de "rumores de traición", constata André César, del Instituto Brasileño de Estudios Políticos (IBEP).
"El PMDB espera ver hacia dónde va, qué quiere y a quién apoya Lula", y cuál será su parcela de poder en el gobierno, afirma.
Según César, Lula dio señales de que dependerá menos de lo previsto del PMDB, pues su programa de reactivación económica no prevé reformas constitucionales, para las que hubiera requerido mayorías calificadas.
El PT, por su lado, se niega a sacrificar espacios y le reclama a Lula ministerios que hoy ocupa el PMDB.
La disputa entre aliados puede dejar secuelas. "No me parece prudente, no creo que sea bueno para el país ni para el propio PT tamaña concentración de poder", acusó Rebelo.
El PMDB eligió 89 diputados, seguido por el PT, con 83. El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) tiene 66 y el Partido del Frente Liberal (oposición de derecha) 65.
Pero la configuración del Legislativo se conocerá sólo el jueves, pues en Brasil, después de los comicios, son frecuentes las deserciones hacia partidos oficialistas que buscan reforzarse para dominar más comisiones y obtener más tiempo de publicidad gratuita. Según los medios, ya habría unas 20 deserciones.
Varios partidos de derecha aliados de Lula -como el Progresista (PP) o el Trabalhista (PTB)- acogieron en la legislatura saliente a los tránsfugas y estuvieron en el centro de un escándalo que hizo tambalear al gobierno, cuando el PT fue acusado de comprar apoyos políticos.
Otras denuncias, de fraudes en licitaciones de ambulancias, colocaron bajo sospecha a decenas de miembros de partidos oficialistas y opositores.
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