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Furgones asesinos Que esta vez el sentido común y el amor a la vida valgan más para los políticosErick Araya Vargas En la carretera que comunica a San Carlos con Puerto Viejo de Sarapiquí, los furgones han impuesto una nueva modalidad de manejo. Esta consiste en nunca frenar cuando se acercan a un puente en donde tienen el “ceda”, por lo que metros antes de llegar a la estructura prenden y apagan insistentemente las luces y suenan sus cornetas para que todos los vehículos que sí tienen la vía hagan el alto y se estacionen a un lado de la carretera, para darles paso a ellos. Cansado de estas intimidaciones, un día decidí enfrentarlos y no frenar cuando la vía me correspondía. El tráiler tampoco frenó para intimidarme, y en el centro del puente estuvimos a escasos centímetros de chocar; para colmo de males, el chofer no quiso mover su vehículo, por lo que interrumpió el tránsito durante 10 minutos, hasta que llegó un policía y lo obligó a correrse. Ley del más fuerte. A la semana siguiente se repitió la misma situación con otro tráiler, pero esta vez el conductor se bajó con intención de golpearme. Al tratar de explicarle que yo estaba en mi derecho de usar la vía, me respondió que ellos habían decidido no seguir frenando porque viajaban con mucha carga y esto, aparte de atrasarlos, les hacía gastar más combustible; que nosotros debíamos entenderlos y colaborar. Como si fuera poco, me amenazó, indicándome que por esta vez él había frenado, pero que no lo volvería a hacer y que la próxima vez iba a sufrir las consecuencias. Debería existir una ley que prohíba a los furgones con cargas viajar a más de 80 kilómetros por hora, aparte de otras modificaciones respecto a los requisitos de los choferes. No obstante, la mejor solución para el país es abrir una licitación y crear tres megalíneas ferroviarias de carga y transporte: una de Guanacaste a San José y viceversa por el puerto de Caldera, otra de San José a Limón y la tercera de Guanacaste a Limón, pasando por San Carlos. Múltiples beneficios. Con estas tres líneas de tren se podrían movilizar la mayoría de las exportaciones e importaciones que se mueven en Costa Rica, podrían mejorarse los precios al productor por el transporte de sus exportaciones, se reducirían la contaminación por gases y por desechos materiales de llantas y aceites, se mantendría en mejor condición la red vial del país, disminuirían las presas, etc. En mi caso, terminaría el miedo que me da cada vez que salgo con mi familia y debemos viajar en el carro por estas carreteras, pero, sobre todo, lo más importante: se salvarían muchas vidas. Aun sabiendo que estamos en un país de “chorizos”, influencias e intereses creados, tengo fe en que el sentido común y el amor a la vida esta vez valgan más para los políticos, y nos libren de estas guerras viales sangrientas que tanto dolor causan en nuestro país.
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