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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com En buena hora se realizó en nuestro país, este fin de semana, un encuentro de la Fundación Círculo Montevideo (1996), donde se congregaron intelectuales y dirigentes políticos del calibre de Felipe González (España), Julio Sanguinetti (Uruguay), Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ricardo Lagos (Chile), Álvaro Uribe (Colombia), Óscar Arias y otros de iguales quilates. La democracia latinoamericana enfrenta dos grupos: el de los dirigentes serios –a los anteriores se suman, fuera del Círculo, Lula (Brasil), Tabaré Vásquez (Uruguay), Calderón (México), para citar solo algunos–, y el de los charlatanes: su líder petrolífico con nítidos indicios demenciales. Esta partición se reproduce en cada país. Somos testigos. La agenda analizada en este encuentro planteó el gran reto de nuestros países –y que es la del mundo–, conjunción inextricable de libertad, solidaridad, Estado de derecho, educación, salud, igualdad, seguridad, competitividad y todos los demás. Estos dirigentes, por cierto, han recogido el reto del TLC –medio, no fin– sin temor y con visión plena de la realidad mundial. En este encuentro abundaron las ideas y las palabras henchidas de sentido –inevitablemente conservadoras, concretas y prosaicas–, sin el desgranar de insultos, de mesianismos estúpidos, de falso patrioterismo y de embustes políticos, desde La Habana moribunda hasta la trilogía de “patria, socialismo o muerte” de Caracas. Este encuentro de líderes democráticos latinoamericanos en San José, donde se habrían sentado honrados y honrosos don Pepe Figueres y otros líderes ticos serios, de rancio abolengo democrático, plantea una cuestión de fondo: ¿por qué ellos aceptan el reto de la competitividad, de la globalización y de las reformas internas imprescindibles en sus países, y por qué, en cambio, una minoría de dirigentes, profesionales y académicos de Tiquilandia, sienten espasmos de muerte frente al TLC y las reformas esctructurales? (Cabe señalar, con pena, que los oponentes serios al TLC han sido marginados por la verborrea de los charlatanes). ¿Es un problema cultural o aldeano, académico o psicológico? Cuando uno advierte que los líderes anti-TLC son ciertos dirigentes sindicales, conocidos en autos, inspiradores de políticos de viejo y nuevo cuño, cuánticos y no cuánticos, entiende por qué el desafío funda- mental de Costa Rica es la reforma –en valores y conocimiento reflexivo, en lectura y cálculo– del sistema educativo nacional. Ha sido, por ello, refrescante la visita de un contingente de dirigentes políticos serios de España y Latinoamérica para remar juntos “mar adentro”.
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