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Irán en nuestro patio Chávez se ha convertido en un aliado privilegiado del régimen de TeheránEcuador, Nicaragua y Bolivia deben medir las riesgos de sumarse a ellos Los esfuerzos que ha realizado Irán por tener una mayor presencia en América Latina, de los cuales es reflejo la reciente visita de su presidente ultraconservador, Mahmoud Ahmadinejad, a Venezuela, Ecuador y Nicaragua, deben ser fuente de gran atención para los países del hemisferio que rechazan su desafiante política nuclear y su tradicional apoyo a grupos terroristas, en especial Hezbolá. Los intereses del régimen iraní en esta incursión continental parecen claros. Debido a un programa atómico con claros tintes militares, el país se ha convertido, junto con Corea del Norte, en un riesgo internacional. Su negativa a cesar el enriquecimiento de uranio, paso previo para la producción de armas nucleares, condujo a que, en febrero del pasado año, la Agencia Internacional de Energía Atómica decidiera elevar el caso al Consejo de Seguridad, el cual, a finales de diciembre, le impuso una serie de sanciones; sus alcances son limitados, pero su aprobación unánime reveló la gran concertación mundial frente a la amenaza, y el enorme aislamiento en que se encuentra Irán. A lo anterior se añade que Ahmadinejad ha venido perdiendo influencia entre importantes círculos de poder internos, de lo cual fueron evidencia las recientes elecciones municipales, en las que sus partidarios salieron muy mal parados frente a sus rivales. Es explicable, entonces, que el Presidente iraní intente proyectarse hacia cualquier zona del mundo, para romper su creciente marginación. Al hacerlo, enarbola una retórica encaminada directamente contra Estados Unidos, y se apoya en la capacidad de pago que le da el petróleo, a pesar del limitado crecimiento y la gran inflación que padece la economía iraní. Estas motivaciones lo convierten en aliado natural de Hugo Chávez, quien también necesita de socios en sus intensos, pero desarticulados y poco exitosos, esfuerzos por crear una “alianza mundial” contra Washington. El Movimiento de Países no Alineados le volvió la espalda, sus intentos por obtener un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad sucumbieron con estrépito, y Argentina y Brasil, presuntos socios privilegiados de Venezuela, cada vez se distancian más de sus posturas. Irán es, entonces, un socorrido recurso compensador. Por algo el viaje de Ahmadinejad a Caracas fue el segundo en seis meses, Chávez ya visitó Teherán, y sus dos países acumulan 120 acuerdos de toda índole posible. Chávez, además, ha utilizado su influencia en los Gobiernos de Ecuador, Nicaragua y Bolivia para intentar convertirlos en compañeros de ruta. La gran incógnita es cuán lejos estarán dispuestos a llegar los tres países, a sabiendas de que aliarse con Irán es un mensaje hostil a toda la comunidad internacional. Rafael Correa, de Ecuador, ya sufrió una consecuencia directa: la presencia del Presidente iraní en su toma de posesión condujo a que Néstor Kirchner, de Argentina, no asistiera. Sus razones fueron en extremo poderosas: Irán se ha negado a extraditar a un exgobernante con orden de captura de la justicia argentina, por considerarlo principal responsable intelectual del brutal atentado que, en 1994, destruyó la Asociación Mutual Israelí Argentina (AMIA), en Buenos Aires, con saldo de 85 muertos. Evo Morales, que sí asistió a Quito, aceptó, entusiasmado, reunirse con Ahmadinejad, pero Lula rehusó hacerlo porque su responsabilidad y pragmatismo superan cualquier pose ideológica. Daniel Ortega, por su parte, lo condecoró en Managua, y un periódico nicaragüense mencionó la posibilidad del intercambio de embajadores. Chávez, por sus petrodólares, se puede dar el dudoso lujo de identificarse con uno de los regímenes más censurados del mundo. Pero Bolivia, Ecuador y Nicaragua no pueden permanecer insensibles a negativos efectos diplomáticos y comerciales que podrían generar sus guiños a Irán. Y el resto de los países latinoamericanos deben seguir con gran cuidado cómo evoluciona esta alianza en ciernes.
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