|
|
|||||
|
|
Las dos caras de la libertad Alberto Casals Presbítero El ambiente de hoy, más que en otras épocas, tiene un reclamo muy grande de libertad, una libertad que parecería que nunca antes habíamos tenido –cfr. Testigos vivos de Cristo , Cipriani, Patmos, 215–. Hay aspectos negativos en ese reclamo de libertad, pero los aspectos positivos son muy importantes y claros, y no debemos apagar ese reclamo de libertad en lo que tiene de bueno. Pero este deseo de libertad tiene un contrapeso muy grande, increíblemente ausente en el ambiente cultural que actualmente nos rodea: es la carencia grande de verdad, de amor por la verdad, de ansias por conocer la verdad. Incómoda y complicada. Así, por ejemplo, el adolescente quiere libertad para pasar la noche entera de fiesta, el cónyuge reclama la libertad del divorcio porque se lleva mal con su cónyuge, el congresista quiere la libertad de votar una ley permisiva ante la presión de los líderes. Y no quieren saber qué pasará ni las consecuencias sociales ni la validez o invalidez del contenido de una ley permisiva a la luz de la ley natural. No les conviene conocer toda la verdad sobre esos sucesos porque la verdad incomoda y complica. Libertad sí, verdad no. ¡Gravísimo! Juan Pablo II desarrolló magistralmente la encíclica Veritatis Splendor (El esplendor de la verdad), un documento que relaciona libertad y verdad. Si se rompe el hilo, la libertad se descentra y comienza el abuso de ella, lo que afecta la buena marcha de la sociedad. El bien de la persona consiste en estar en la verdad y en realizar la verdad. La libertad es el mayor regalo que Dios nos ha dado en lo humano. Pero ese regalo no es una facultad ilimitada. Quedó escrito en el evangelio: “La verdad os hará libres” (cfr. Juan 8, 22). La crisis de nuestro tiempo está en la ruptura de la unión entre libertad y verdad. Calmante conocimiento. Es imperioso controlar los estímulos salvajes que nos impulsan desde fuera: qué hacer, cuándo hacer, cómo hacer ante los estímulos exteriores que nos provocan. Es el conocimiento de la verdad el que calma. Importa mucho saber el rumbo de la vida que orienta y que bien orientado aquieta el corazón. Decía Agustín de Hipona: “Mi corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. La libertad adquiere su auténtico sentido cuando se ejercita en servicio de la verdad que rescata, cuando se gasta en buscar el amor infinito de Dios, que nos desata de todas las servidumbres, dejó dicho san Josemaría Escrivá en una homilía titulada “La libertad, don de dios” –cfr. Amigos de Dios , Rialp, n.° 23 a 38–. El Obispo de Hipona dejó escritas unas palabras que son un magnífico canto a la libertad: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |