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/LA NACIÓN

El desafío del Presidente

¿Refresca el Presidente recuerdos sobre lo que guardaba para el país en su conciencia juvenil?

Róger Churnside


Como persona acaudalada y dirigente político, don Óscar Arias expresó algo insólito y hará algo sin precedentes en Costa Rica. Dijo: “La verdad es que yo no voy vivir ni mejor ni peor con mi salario”; y donará ese salario, más sus asignaciones para gastos confidenciales, a tres centros de ancianos ( La Nación , 21/12/06, pág. 5 A). En esa reflexión y concomitante decisión, además de un ejemplo que estimulará los sentimientos cívicos de todos los ciudadanos, veo también un oportuno desafío para que cambiemos nuestros más profundos valores y actitudes como seres humanos.

No sé si don Óscar está plenamente consciente del significado y las implicaciones de su actitud personal y si está dispuesto a mantenerlos hasta sus últimas consecuencias. Igualmente, me pregunto si sus principales allegados, aliados y colaboradores participarán de ese compromiso en la medida de sus posibilidades. Pero, alentado por los efectos que podría tener ello en el desarrollo económico-social y político-cultural de nuestro país, voy a plantear mi propia interpretación o expectativa al respecto, como debería hacer cualquier ciudadano responsable.

Puntos trascendentales. En general, conviene destacar dos asuntos básicos y trascendentales. Primero, que el Presidente comunique sus preocupaciones e intenciones a los ciudadanos, sistemáticamente y de buena fe, es una práctica de gran potencial democrático; y, para realizarlo, los ciudadanos debemos responder planteando nuestras valoraciones y preferencias. De tal manera, se establecerá un diálogo permanente entre la máxima autoridad elegida y sus electores, fortaleciendo el gobierno representativo. Segundo, tales ideas y acciones del mandatario contienen semillas de una verdadera revolución ilustrada y consensual, mediante la cual se podría cambiar, no solo las relaciones entre los ciudadanos, sino los ciudadanos mismos.

Ese diálogo y esa transformación humana son indispensables para elevar la calidad de la democracia. No basta promulgar leyes tendientes a mejorar la conducción de relaciones entre ciudadanos y crear instituciones para brindarles más servicios. En la medida en que los individuos mantengan valores, actitudes y principios de comportamiento egoístas, siempre surgirán minorías que manipulen las leyes y distorsionen las instituciones para su propio provecho y contra los intereses de la mayoría. Por esa razón, analistas de las sociedades como Manuel Castells, de España, aplicando la metáfora de “red social”, consideran que se requiere cambiar “los nodos” (individuos), no solamente los “vínculos” entre ellos (articulados por leyes e instituciones); y otros, como Alain Touraine, de Francia, estudiando la vida humana en su totalidad o integridad, han descubierto que es necesario conceder igual prioridad a sus componentes “subjetivos” y sus aspectos “estructurales”.

Nueva moralidad. Las intenciones de don Óscar son “parte de su prédica por una nueva moralidad, que haga a los costarricenses más bondadosos, sinceros, responsables y compasivos”. Casualmente en estos días conocí algunas circunstancias de la vida y muerte de un distinguido científico chileno –Francisco Varela– que permiten ilustrar esa prédica: el escritor de su obituario, Evan Thompson, dijo que fue un hombre intelectualmente creativo y de gran conciencia social, sincero, bondadoso y compasivo; contó que, siendo estudiante de pregrado en la Universidad de Chile, irrumpió en la oficina de Humberto Maturana, diciendo: “Quiero estudiar la función de la conciencia en el universo”; y su mentor le respondió: “Joven, has venido al lugar apropiado”. Me pregunto si don Óscar estará refrescando recuerdos sobre lo que guardaba para Costa Rica en su conciencia juvenil. Y ¿será apropiado el momento para retomarlo?

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