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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El diputado José Manuel Echandi (Partido Unión Nacional) denunció anteayer, en la Asamblea Legislativa, que un individuo, líder supremo anti-TLC, exhibía una pancarta con esta leyenda: “Echandi, sabemos dónde vives”. Asimismo, aparecieron amenazas similares contra los diputados favorables al TLC. En boca de la mafia, este mensaje es sentencia de muerte de la víctima o de los suyos. No queda más, en este trance, que hacer cuentas y encomendarse a Dios, o emigrar. En la Tiquicia de hoy, desde mayo del 2004, en el teatro Melico Salazar, hasta hoy, uno no sabe lo que puede pasar. Los métodos mafiosos, directos o con sicarios, ya no nos son ajenos. Como dijo, un día de estos, Hugo Chávez, inspirador y benefactor de ciertos compatriotas: “Patria, socialismo o muerte”. Por supuesto, la muerte de los otros… En estos lances andamos. A falta de ideas y de argumentos, la amenaza y la violencia. El problema es que, si esta llegara, sus azuzadores, los que, desde hace tiempo, vienen predicando la ilegitimidad, la ruptura del orden constitucional y el advenimiento del colonialismo, tienen suficiente dinero –a costa de los contribuyentes– para escapar. Pero, no solo sabemos dónde vive el diputado Echandi. En este país chiquitico, todos sabemos quién es quién y dónde vive cada quién. El problema no es, entonces, dónde vive zutano o mengano, perencejo o pellejo, sino cómo hacen algunos personajes ticos para vivir donde viven, si nunca han trabajado y han sido amamantados por la política –¡misterio de misterios!–, o bien cómo hacen algunos agremiados para andar organizando huelgas y planificando la “democracia callejera”, si, desde hace 15 y más años, tampoco trabajan, viven a costa de nosotros, los contribuyentes, y son elegidos y reelegidos en sus cargos por cuatro gatos para proclamarse, luego, enternecidos representantes de las empobrecidas masas populares. La cuestión no es, entonces, dónde vive el diputado Echandi, sino el hecho de que hay vagabundos profesionales dedicados a buscar direcciones de gente decente y trabajadora para amenazar o para otros fines. ¿Estupidez o anuncio? Lo primero es tan peligroso como lo segundo. En la vida uno no sabe quién es más peligroso: un tonto audaz, con ínfulas de poder, o un perverso con tontos a su servicio. ¡Ah, bendito seas, TLC, que nos has permitido diagnosticar nuestra educación y realizar tantos descubrimientos de personajes, profesionales, dirigentes sindicales, profesores y políticos que, generosamente, se quitaron la máscara y han revelado su identidad! ¡No dónde vives, sino quién eres!
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