 Dolor e impotencia en las calles de Bagadad
(AFP)
|
BAGDAD (AFP) -
Los morteros rugían el miércoles en Bagdad, donde las fuerzas iraquíes y norteamericanas luchaban contra los insurgentes en un bastión sunita después de que el presidente estadounidense, George W. Bush, urgió a los estadounidenses a apoyar su nuevo plan de seguridad.
Paralelamente, 23 personas -cuatro de ellas policías- murieron el miércoles en varios ataques en Irak.
Las tropas iraquíes y estadounidenses apoyadas por los disparos de helicópteros Apache dieron inicio a la "Operación Tomahawk Ataque 11" en la calle bagdadí de Haifa, indicó el ministerio de Defensa de Irak.
"Dos terroristas murieron en una operación lanzada durante la mañana en la calle Haifa, que también permitió la detención de 11 personas buscadas de diversas nacionalidades", indicó el ministerio de Defensa en un comunicado.
El bastión árabe sunita fue blanco de otras tres batallas este mes, incluida una el 9 de enero que involucró a 1.000 militares estadounidenses e iraquíes y en la cual murieron 50 insurgentes, según fuentes de defensa de Irak.
El miércoles, el eco de la artillería constante de ametralladoras y morteros se escuchó durante tres horas, seguida por una tregua y luego por el fuego esporádico de armas ligeras y pesadas.
El área fue sacudida por una fuerte explosión hacia las 12H35 (09H35 GMT).
Un comunicado militar estadounidense indicó que la operación incluía "blancos precisos para perturbar la actividad ilegal de las milicias y ayudar a Irak a restaurar el control de las fuerzas de seguridad en el área".
La batalla comenzó sólo horas después de que Bush pidiese a un público estadounidense harto de la guerra una oportunidad para su estrategia en Irak, y de que advirtiese que una derrota implicaría una "batalla épica" en todo Oriente Medio.
"Para Estados Unidos, es el escenario de una pesadilla. Para el enemigo, es el objetivo", dijo en su discurso anual sobre el estado de la Unión, pronunciado ante el Congreso.
Dos semanas después de develar su nueva estrategia, que se basa en el envío de 21.500 militares más a Irak, el presidente no cedió ante sus críticos y urgió a los legisladores y a la ciudadanía: "Dénle una oportunidad".
Pese a que su popularidad registra una baja récord, según los últimos sondeos, y que muchos estadounidenses dudan que puedan ganar la guerra, Bush insistió en que "en este día, a esta hora, aún tenemos la capacidad de definir el resultado de esta batalla".
En Bagdad, la operación de la calle Haifa pareció destinada a comunicar en Estados Unidos la firmeza de Bush y del debilitado primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, para ganar control sobre los insurgentes y las milicias que han alimentado la violencia confesional durante casi un año, matando a miles de iraquíes.
La calle Haifa está a unos dos kilómetros de la fortificada Zona Verde, sede del gobierno iraquí y de la embajada estadounidense.
Mientras, al sur de la capital, el ministro iraquí de Educación Superior, Abed Dhiab Al Ujaili, sobrevivió a una emboscada cuando se trasladaba en una caravana de coches al trabajo, pero uno de sus guardaespaldas murió, dijo una fuente de seguridad.
En el norte de Bagdad, las fuerzas estadounidenses hicieron una redada en una "conocido refugio terrorista" y capturaron a tres terroristas, pero mataron a un niño de 12 años.
Tres militares estadounidenses murieron martes y miércoles en Irak, anunció el ejército norteamericano en varios comunicados.
Desde la invasión de Irak en marzo de 2003, al menos 3.059 militares norteamericanos y personal asimilado murieron en ese país, según un recuento de la AFP a partir de cifras del Pentágono.
|