 Primer ministro británico Tony Blair
(AFP)
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LONDRES (AFP) -
Las críticas al jefe del gobierno británico, Tony Blair, cuya popularidad sigue en caída libre, aumentaron tras su ausencia este miércoles del esperado debate parlamentario sobre Irak, optando en vez de ello por pronunciar un discurso ante empresarios.
Pedido por partidos de oposición, el debate es el primero del gobierno laborista tras la publicación en el 2004 de un informe sobre numerosas fallas en informes de los servicios de inteligencia británicos, que fueron utilizados por Blair para justificar la invasión de Irak.
El debate sobre la cada vez más sangrienta situación en Irak empezó inmediatamente tras la ruidosa sesión semanal de preguntas al primer ministro en la Cámara de los Comunes.
Blair dejó la sala para asistir a una reunión en la Confederación de la Industria Británica (CBI, siglas en inglés), donde pronunciará un discurso sobre un proyecto de reforma de los servicios públicos.
La ministra británica de Relaciones Exteriores, Margaret Beckett, abrió el debate parlamentario insistiendo en que "la intervención militar en Irak había sido necesaria", para "crear las condiciones" para establecer una democracia.
El líder opositor Menzies Campbell, que dirige el Partido Liberal Demócrata, tercera fuerza del país, reiteró sus críticas a Blair por no asistir el debate.
"¿No sería apropiado que usted abriera el debate en nombre del gobierno?", le escribió Campbell a Blair, en una carta que fue dada a conocer en la prensa británica.
El debate coincidió con el previsto incremento por Washington de 21.500 tropas adicionales en Irak, confirmado en el intransigente discurso pronunciado la víspera por el presidente norteamericano George W. Bush.
La intervención británica en Irak, al lado de Estados Unidos, es la principal causa de la imparable caída en la opinión pública de la popularidad de Tony Blair, confirman todas las semanas nuevos sondeos.
Esta semana, un sondeo del diario The Guardian señaló que el deterioro de la imagen de Blair perjudica al gubernamental Partido Laborista, que aparece después de los conservadores en la preferencia de los electores.
Además, el líder laborista fue salpicado en los últimos días por las investigaciones realizadas por la policía británica sobre un escándalo de cambio de títulos honoríficos por jugosas donaciones a su partido.
La semana pasada, una estrecha colaboradora de Blair, Ruth Turner, fue detenida por la policía por su supuesta implicación en este escándalo, que la interrogó antes de ponerla en libertad.
Esta detención acercó más la soga al cuello de Blair, escribió la prensa británica.
El previsto sucesor de Blair, el titular de Finanzas, Gordon Brown, también se ve afectado por el descontento, según reveló un sondeo que señala que 30% de los entrevistados estima que su imagen empeoró en el último año y que sólo un 35% votaría por él, en vez de un 37% que optaría por los conservadores.
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