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Bioética universal Carlos Valerio Abogado salubrista De cara a los desafíos que afronta actualmente la humanidad en la ciencia, la medicina, la tecnología, la investigación y la protección del ambiente por los peligros que encierra su uso descontrolado, como la tecnología nuclear y los riesgos de la ingeniería genética, ha surgido lo que esperábamos: La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la Unesco, aprobada el 25 de octubre del año 2005. Se trata de un esfuerzo de la comunidad internacional que procura situar recomendaciones universales que ayuden a enfrentar el desafío de proteger los derechos humanos de cara al desarrollo científico y tecnológico moderno, mediante mínimos aceptables en un mundo de muy variada complejidad cultural y de una fastidiosa inequidad en el desarrollo humano. Fines y personas. Esta basada en el principio kantiano de la dignidad humana, en el sentido de que los seres humanos debemos ser tratados como fines y personas y, no como medios o cosas. Recuerda a los Estados un deber ineludible, sueño del irlandés Bono y de muchos otros: asegurar acceso a una atención médica de calidad, a los medicamentos esenciales, a la alimentación y al agua, atacar la marginación, la discriminación, la pobreza y el analfabetismo. Esta Declaración no olvida que la existencia humana depende de su interrelación con el medio ambiente, con lo cual su alcance lo es para todos los seres vivos del planeta, estableciendo además nuestro compromiso de asegurar hoy la vida de las futuras generaciones, como lo propuso hace ya algún tiempo Hans Jonas. Por otra parte, por su contenido, esencia y alcance universal en el campo de los derechos humanos, la coloca en una posición privilegiada en el escenario del derecho internacional. Poder superior. Esta particularidad convierte a la Declaración en un instrumento jurídico tan respetable como otros de su naturaleza. Sin embargo, a diferencia de otras declaraciones, como la de Helsinki, sobre investigación bioética, al tener a los Estados como destinatarios y por su naturaleza pluralista y multicultural, su poder moral y jurídico es superior al ser una guía para los legisladores y las autoridades para resolver las controversias éticas que suscitan la medicina, las ciencias de la vida y las tecnologías aplicadas al ser humano. Finalmente, los postulados de solidaridad, responsabilidad social y cooperación internacional hacen de la Declaración un instrumento que recuerda que la responsabilidad es de todos los humanos.
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