 La usual elegancia de Chanel
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PARIS (AFP) -
La elegancia el próximo verano será longuilínea y flexible según Chanel, transparente y florida según Christian Lacroix, y de colores sobrios y formas torneadas según el brasileño Gustavo Lins, nuevo miembro invitado de las parsarelas parisinas de la alta costura.
Los tres presentaron este martes sus colecciones alta costura para la temporada primavera-verano 2007.
Karl Lagerfeld para Chanel propone siluetas longilíneas, de piernas interminables ataviadas con faldas supercortas sobre medias-leotardos opacas, o bien largas y fluidas.
El diseñador invoca el concepto "fluidez vertical" para definir su guardarropa, que incluye también leves vestidos de noche, de cintura ajustada y amplia falda bordada con hilos de plata.
La mujer Chanel marcha a paso decidido en sus vestidos cortados en franjas, como para facilitar el movimiento.
Un vestido gris parece estar compuesto de tiras verticales, otro largo y plateado se divide en franjas en el borde y en las mangas. Los vestidos de tweed, apenas más largos que las chaquetas, se acompañan con medias-leotardos negras y opacas y con zapatos blancos y negros.
Las plumas adornan los vestidos, pero también el pelo de las modelos, cuyos ojos se cubren a menudo con velitos de tul bordados de estrás.
El vestido de novia, de largas franjas verticales y cola de plumas, desató los aplausos del público, del que formaban parte no pocas celebridades, como Sigourney Weaver, Sofia Coppola, Diane Kruger, Mariane Faithfull, Sean Lennon, Vanessa Paradis y la primera dama de Francia, Bernadette Chirac.
Christian Lacroix propone, por su parte, una "especie de floralias", con vestidos vaporosos en colores suaves o vivos.
"Necesitamos un poco de poesía", afirma el diseñador, que dice haber buscado inspiración en los cuadros de Boticelli y en "en todas las viejas cortes reales".
La mujer Lacroix se cubre con sedosos vestidos de colores naranja, violeta o rojo, engalanados con plisados o volantes como pétalos. Flores de tela adornan el talle y la espalda.
Las mangas de los boleros se abultan, las faldas se cubren de volantes de encaje, los vestidos de floreados multicolores o de grandes ramos pintados.
El modista propone también faldas cortas o vestidos-abrigo azul marino con lunares blancos, de lamé dorado, rayados con olas negras, rojas y malvas, tacheados de plata o de muselina floreada.
La novia se viste con un vestido de encaje salpicado de oro y cubierto de un gran abrigo transparente.
Gustavo Lins optó por un "desfile estático" en el límite entre presentación de moda y exposición de arte.
Sus vestidos juegan con el torneado de telas en líneas espirales. Las lanas y paños procedentes del vestuario masculino se asocian al terciopelo y al jersey de seda. El movimiento reina en un vestido largo cuyo drapedado se convierte en cola, o en un vestido-echarpe de gruesa lana tejida color parma.
Un abrigo negro con cuello de cuero esculpido con pespuntes deslumbra por el minucioso trabajo del adorno y la perfección del corte impecable.
Varios kimonos antiguos son retrabajados con un esculpido que da movimiento a la tela y con pespunteados que tranforman su apariencia.
Arquitecto de formación, Lins aborda la estructura de las prendas "como un espacio arquitectural", que se contruye alrededor del cuerpo. "Prendas sensuales que revelan el cuerpo sin restarle elegancia", dice el diseñador.
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