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Socialismo trasnochado Venezuela y otros países buscan el progreso caminando contra la razón y la historiaVietnam ha decidido atraer la inversión extranjera y profundizar la economía de mercado Costa Rica debe realizar sin dilación las reformas internas para recuperar el tiempo perdido. Los gobiernos socialistas de Venezuela y de otros países latinoamericanos que accedieron al poder recientemente por la vía democrática, como Ecuador y, quizás, Nicaragua, han dado muestras de involución en el proceso de modernización de las políticas públicas requeridas para impulsar el proceso de desarrollo. En vez de inspirarse en las políticas económicas más efectivas de sus colegas latinoamericanos socialistas, incluyendo Chile, Brasil, Argentina y Perú, o la más reciente de Vietnam en el área de los tigres asiáticos, se inclinan por retroceder al socialismo trasnochado del siglo pasado. Mientras que los gobiernos socialistas más modernos de la región dejaron de hablar de nacionalizar industrias básicas, y, en Vietnam, se anunció la privatización de 104 empresas estatales, Venezuela amenaza con nacionalizar la industria eléctrica y otros sectores claves de la economía de ese país. ¿Es ese ejemplo de socialismo trasnochado el que desean imponer algunos sectores costarricenses opuestos a la apertura y privatización? El Gobierno socialista de Vietnam, uno de los más recalcitrantes en el mundo, se miraba irremisiblemente en el espejo de los países asiáticos para comparar su infortunio económico con el éxito de los demás. Pero ya empezó a despertar de su profundo sueño. Además de privatizar sus industrias, incluyendo petróleo y gas, decidió adherirse a Organización Mundial del Comercio (OMC). El primer ministro de Vietnam, Nguyen Tan Dung, declaró su intención de estimular la inversión extranjera y profundizar la economía de mercado en su territorio. Se fijó, indudablemente, en cómo la globalización estimulaba la inversión extranjera y el comercio internacional. El Asia es la región del mundo que crece más dinámicamente y la que ha podido abatir con más éxito la pobreza. La China comunista es, quizás, el ejemplo más significativo para Vietnam pues, al adoptar políticas de mercado, logró crecer a tasas sostenidas del 10% anual y reducir la pobreza a la mitad. Los demás países socialistas latinoamericanos (con las excepciones mencionadas), también han comprendido las bondades de la apertura, estabilización y las políticas de mercado, y han logrado beneficios significativos. Chile, sin duda, es el más exitoso. Los Gobiernos socialistas en los últimos 16 años, desde Alwin hasta Michelle Bachelet, han mantenido las políticas económicas de mercado heredadas de Augusto Pinochet para complementarlas con políticas sociales y democráticas compatibles con los rigores de la ortodoxia macroeconómica. Chile privatizó, bajó aranceles, mantuvo el equilibrio “macro”, estabilizó la economía y firmó un convenio de libre comercio con los EE.UU. para sellar su vocación de libre comercio. La producción creció a tasas elevadas, el ingreso per cápita se disparó y la pobreza bajó en un 50%. Los gobiernos socialistas de Lula da Silva en Brasil han seguido la misma línea. Y, aunque no ha tenido resultados tan buenos como los experimentados en Chile, China o los demás países asiáticos sí ha logrado estabilizar la economía y comenzar a crecer más sostenidamente. Si los Gobiernos socialistas más exitosos en el mundo han observado políticas de apertura y libre mercado, incluyendo privatización de activos y empresas estatales, ¿por qué Venezuela decidió practicar un trasnochado paradigma económico e imponerlo a otros países socialistas, como Ecuador y Nicaragua? Nos preocupa por la influencia que tiene en otros partidos políticos y por el efecto que podría tener en la inversión extranjera directa en la región. A diferencia de los demás, Venezuela tiene abundantes fuentes de petróleo que le han permitido crecer en los últimos años y exportar su revolución. Pero el resto de sus políticas económicas no han sido buenas. A pesar del petróleo, mantiene la inflación más elevada de Latinoamérica, alrededor del 14% anual. Si, ahora, insiste en nacionalizar industrias básicas, perderá eficiencia productiva y, además, se resentirá la inversión nacional y extranjera y mermará el crecimiento de la producción. En cambio, los países democráticos y los socialistas de avanzada se inclinan por la apertura y privatización de monopolios estatales. ¿Por qué Costa Rica, que ni siquiera es socialista, ha sido incapaz de adoptar con celeridad las mismas políticas? Quienes se oponen a la privatización y apertura deberían mirarse en espejos exitosos y no en el socialismo trasnochado y alocado de Venezuela, que confunde a Ecuador y que cautiva, sin entenderlo, a Daniel Ortega, aunque, en la práctica, queda frenado por el camino trazado, en buena hora, por el TLC.
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