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La vida ya tiene precio

Se debe llegar a las verdaderas causas que generan muerte y sufrimiento

Leonardo Roque Pujol
leoroqpu50@hotmail.com
Profesor y productor audiovisual

Hay personas comunes que nos dan grandes enseñanzas a diario. La más reciente ha sido la del señor Alfonso Pérez, padre de un joven fallecido en el incendio del Hospital Calderón Guardia en el 2005.

Este señor ha rechazado un pago millonario por parte de la CCSS. No quiere ponerle precio a la vida de su hijo. No quiere usar el dinero de todos los costarricenses.

Este señor lo que quiere es castigo para los verdaderos responsables del accidente y que se hagan públicas las condiciones en que se encuentran los grandes centros de salud. Alfonso quiere llegar a la raíz del problema.

José Martí escribió: “Los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con mejunjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga”.

No tiene precio. La vida de un ser humano no tiene precio. Me niego a que tenga precio. La vida en Costa Rica es sagrada y la seguridad de los ciudadanos costarricense tiene que volver a ser respetada como siempre ha sido. Se debe llegar a las verdaderas causas que generan muerte y sufrimiento en el país.

Ya sea dentro de un centro público, en una casa o en nuestras carreteras, el respeto a la vida tiene que ser la prioridad número uno. Nadie tiene el derecho de poner en peligro o quitar la vida de otro hombre, mujer o niño.

En manos de nuestros líderes políticos está la toma de decisiones que hagan que una vida en Costa Rica valga mucho más que ¢36 millones. En sus manos está poner fin a la ola de accidentes que ya han dejado más de 22 muertos en las carreteras.

Pedimos a gritos un cambio urgente, un cambio radical en la manera de ver los accidentes, las muertes y los castigos.

“A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso: el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”, afirmaba José Martí.

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