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¿Volver al futuro?

Sospechosas similitudes históricas en nuestro país deben ser un llamado a la reflexión

Robert F. Beers
robert_f_beers@yahoo.com
Abogado constitucionalista

Hace poco más de 20 años, una película muy taquillera narraba las peripecias de Marty McFly, adolescente empeñado en regresar a la década de 1980, que por accidente había abandonado. Este afán pareciera hoy haber contagiado a buena parte de Latinoamérica y del mundo, que hoy también se esfuerza en devolver el reloj de la historia.

Por entonces, Óscar Arias era presidente de Costa Rica. Daniel Ortega lo era de Nicaragua. Alan García gobernaba Perú. Cuba estaba bajo la tiranía castrista y Estados Unidos tenía un presidente republicano de apellido Bush y un Congreso controlado por la oposición demócrata. Se alegaba fraude en las elecciones mexicanas. Había una crisis energética mundial. También había un muro para frenar una oleada migratoria. El Medio Oriente vivía un periodo de tensión violenta entre Israel y los palestinos, se cometían atrocidades en Iraq, y el régimen extremista de Irán era visto con recelo por Occidente.

Como ecos. En esa década se anunciaba que la economía mundial del futuro estaría regida por los países de Asia. África padecía de hambrunas y de sida. Italia era campeón del mundo futbolístico y Puntarenas festejaba un título deportivo. Algún parlamentario izquierdista vociferaba pidiendo huelgas contra el Gobierno. Las salas de cine anunciaban películas de James Bond, de Supermán, de Rocky y de Indiana Jones, y en la radio podía escucharse constantemente a Madonna y a Michael Jackson. La televisión nacional ofrecía MacGyver, Los Magníficos, Heidi, Marco, El Chavo del Ocho, Alf y una sobredosis de futbol. Y Rolando Araya era precandidato. ¡Demasiadas coincidencias!

Aun cuando este decenio no fue precisamente de grato recuerdo para Latinoamérica en el ámbito económico, sí lo fue en lo político. La década de 1980 fue fiel testigo de la transición regional hacia la democracia, después del colapso que sufrieron numerosos regímenes autoritarios. La última dictadura de América quedó atrincherada en Cuba, con una enorme frustración por haber fracasado en su meta de exportar la revolución. Sin embargo, 20 años más tarde, Hugo Chávez, heredero político de Fidel Castro, se empeña en rediseñar una pequeña guerra fría desde Caracas y revertir esa transición. “La historia nos enseña que el hombre no aprende nada de la historia”, decía Hegel.

Camino conocido. Por encima de las obvias diferencias entre aquella época y la actual, estas sospechosas similitudes deben ser un llamado a la reflexión. Para nuestra sorpresa, el recorrido de senderos angustiosos nos ha llevado de nuevo a un punto muy similar al de partida. El engañoso vértigo del cambio quizás no nos permitió notarlo antes. Sin embargo, hoy se nos ofrece precisamente la oportunidad de transitar un camino conocido.

Latinoamérica en general, y Costa Rica en particular, deben comprender que, parafraseando a Arnold J. Toynbee, “los pueblos que no aprenden de sus errores están condenados a repetirlos”. Nuestros países se encuentran en una inédita circunstancia histórica: la decisión entre el avance y la recaída. Entre la oportunidad de dar pasos valientes –incluso dolorosos– hacia el progreso y el bienestar de la ciudadanía, o la de repetir los errores del pasado por el temor o la incapacidad de innovar.

Ojalá de verdad nuestros gobernantes desmientan a Hegel y aprendan de la historia. Ojalá que, en lugar de cumplir la sentencia de Toynbee, esta película tenga un final feliz, y nuestros líderes, como Marty McFly, tomen decisiones que vengan a mejorar el futuro.

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