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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com Al Partido Acción Ciudadana(PAC) le llegó la hora del examen de conciencia pues el implacable tribunal de los hechos lo puede juzgar severamente. El PAC puede responder: “Y a usted ¿qué le importa?” A todos nos importa la fortaleza moral e intelectual de un partido democrático. Perogrullada: la democracia depende de la excelencia de los partidos, y estos, de la calidad de sus dirigentes. Pero vamos a los hechos. Ottón Solís viajó, ayer, a Washing-ton “para hablar contra el TLC” y, como suelen decir algunos políticos ticos cuando salen a dar conferencias, bien está: nadie es profeta en su tierra. En EE. UU. pedirá “una relación diferente” de ellos con nosotros, pues “Costa Rica es un país diferente, con virtudes que no son compatibles con lo que el TLC establece”, y este tratado “centroamericanizará” a Costa Rica. Más bien, agregó, “a EE. UU. le servirá pensar en la forma de que se imiten algunas cosas que tiene Costa Rica”. Los argumentos no pueden ser peores: los ticos somos diferentes, ese TLC no está a nuestra altura, los gringos deben imitarnos y, ¡horror de horrores!, nos podemos centroamericanizar… ¿No se ha dado cuenta don Ottón que el TLC no es con EE. UU. solamente, sino con Centroamérica y que lo dicho por él es una afrenta contra los centroamericanos? ¿En qué país está viviendo? Estas declaraciones no son, sin embargo, gratuitas. Conforman la estructura mental del PAC. Y esta es la cuestión de fondo. Aporto, por hoy, un hecho: la iniciativa de Ottón para convertir en obligación del presidente de la República el cumplimiento del programa de gobierno presentado en campaña, el cual comprende, invariablemente, una serie de principios y valores básicos, y de proyectos. Los primeros son vinculantes para todas las personas; los proyectos, en cambio, no pueden petrificarse, dada la movilidad incesante de la realidad nacional e internacional. El gobernante es el timonel alerta ante el océano cambiante y encrespado, no ante un remanso artificial. El programa de gobierno así concebido es un atentado contra la razón y la libertad, al atar al Gobierno y a la misma oposición. Desemboca, además, en la incoherencia pues, habiendo sido el TLC un proyecto primario del programa de gobierno de Arias, Ottón debería ser su primer abanderado e impulsor de la agenda complementaria y de implementación “para que el Gobierno cumpla”. Estas camisas de fuerza mentales conspiran, por irracionales, contra el progreso y contra la misma democracia, que nos invitan, dialéctica y moralmente, al diálogo y a la apertura, en aras del bien común.
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