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Consenso y aldeanismo Fernando F. Sánchez C. fsanchez@fernandosanchez.org Politólogo Hay varios y serios problemas en Costa Rica. No obstante, pocos están tan extendidos y arraigados, y son tan dañinos como el aldeanismo. Esto es, comportarnos como si el mundo se acabara en nuestras fronteras. Esta concepción ha llevado al mito de la singularidad costarricense. La idea de que somos “el unicornio del mundo” se ha visto exacerbada por las diferencias reales que existen entre Costa Rica y sus vecinos más próximos. El aldeanismo produce imágenes retorcidas de la realidad, y genera enormes dificultades para enfrentar lo nuevo. Por ello, una nación que padece este mal encuentra grandes obstáculos para progresar, cuando hacerlo implica un cambio. Oda a la ignorancia. La principal consecuencia del “enconchamiento” de un país es la exaltación de la ignorancia. Con ella se genera el ambiente propicio para hacer de los lugares comunes verdades acabadas y para que las “soluciones a la tica” (entiéndase, con frecuencia, soluciones a medias) se perciban por algunos como óptimas. Obviamente el daño es aún peor cuando el aldeanismo afecta a los grupos más influyentes de una sociedad (políticos, líderes gremiales, etc.). Esto, por cuanto tienden a caer fácilmente en la tentación de pensar que aún es posible solucionar los problemas de nuestro país sin considerar las realidades que afectan a nuestros vecinos. Nada más alejado de la verdad. Nos guste o no, en un mundo cada vez más interconectado, nuestro futuro está intrínsecamente ligado al porvenir de otros países, sobre todo de los que tenemos más cerca. Si no encuentran bienestar en su patria, hoy más que nunca, hombres y mujeres por igual lo buscan en otras partes. “La pobreza no ocupa pasaporte para viajar”, nos suele recordar el presidente Óscar Arias. Así, la necesidad económica está provocando oleadas migratorias que han venido a resolver, en algún grado, una demanda de empleo insatisfecha en los países receptores. No obstante, y dada su condición socioeconómica, el influjo masivo de este tipo de migrante casi inevitablemente llega a desbordar las capacidades de las instituciones de bien social en los países receptores (educación, salud, vivienda, etc.), en detrimento de la colectividad que depende de estos servicios. Así las cosas, las mejores políticas migratorias no son los muros o las leyes draconianas, sino el crecimiento económico, la generación de empleo y el fortalecimiento de las redes institucionales de solidaridad social en los países pobres. Claramente, en materia de desarrollo, buscar el bienestar de otras naciones –sobre todo de las que están más cerca– redunda directamente en el bienestar propio. Por ello, a todos nos debería preocupar sobremanera que uno de cada dos centroamericanos no tenga ingresos suficientes para alcanzar un nivel de vida digno. De hecho, cerca del 50% de los centroamericanos viven en pobreza, y el 23% de ellos, en pobreza extrema. El caso de Nicaragua, el segundo país más pobre del continente (después de Haití), y fuente del más importante influjo migratorio a Costa Rica, es especialmente preocupante. En el vecino del norte, un 70% de la población debe sobrevivir con menos de $2 diarios, un 27% sufre de desnutrición y casi un 34% no sabe leer ni escribir (según datos del Estado de la región 2003 y La Nación, 6/1/07, pág. 23A). Por la inversión social. Por ello, solo en un país con síntomas de aldeanismo resulta explicable que haya oposición o críticas airadas a los esfuerzos del presidente Arias y el ministerio de Relaciones Exteriores por generarle apoyo internacional al “Consenso de Costa Rica”. Esta iniciativa busca que, al otorgar empréstitos y ayudas económicas y de cooperación, los organismos financieros internacionales, así como los países desarrollados, consideren no solo los niveles de pobreza, sino también el crecimiento de la inversión social en los Gobiernos beneficiarios. La propuesta persigue que sean objeto de crédito aquellos países en desarrollo que demuestren haber elevado la inversión en educación, salud y vivienda, y haber reducido los gastos en armas. Así se busca propiciar un gasto más ético y responsable. El Consenso de Costa Rica es una oportunidad valiosísima para recobrar el liderazgo internacional perdido en los últimos años. Junto a la globalización de la economía, Costa Rica le pide al mundo que globalicemos la solidaridad. Con ello demostramos que el subdesarrollo económico no es sinónimo de subdesarrollo mental, que entendemos y estamos dispuestos a desempeñar nuestro papel en el concierto de las naciones, y que, además, estamos superando la lacra del aldeanismo. Este es el tipo de iniciativas que siempre ha distinguido a Costa Rica.
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