|
|
|||||
|
|
Quince años después Los salvadoreños dieron un ejemplo al mundo con sus acuerdos de pazHoy persisten enormes desafíos, que deben afrontarse en democracia Hace 15 años, los salvadoreños dieron un gran ejemplo al mundo. Tras una guerra civil que, según se calcula, produjo 75.000 muertos, dividió a la sociedad, aceleró la pobreza y sirvió como escenario de enfrentamiento este-oeste, se logró firmar la paz, un hecho sin precedente en los conflictos de la época. Fue el 16 de enero de 1992 cuando, en el castillo de Chapultepec, México, los representantes de las partes beligerantes, que habían negociado intensamente con el patrocinio de las Naciones Unidas y los buenos oficios de varios dirigentes centroamericanos, como el presidente Óscar Arias, firmaron los acuerdos de paz. Sus compromisos esenciales fueron terminar el conflicto armado por la vía política, impulsar la democratización del país, garantizar el respeto a los derechos humanos y reunificar a la sociedad salvadoreña. ¿Cuánto se ha avanzado desde entonces y cuáles son los principales aportes del proceso a la vida del país? Esta es la pregunta clave en la actualidad. Ninguna respuesta puede ser absoluta, pero es un hecho que el compromiso suscrito hace 15 años marcó un positivo “después” en El Salvador, como también resulta evidente que el país aún tiene enormes problemas por resolver. La gran ventaja, resultado de los acuerdos, es que las respuestas se pueden –y deben– buscar en democracia. Los mayores avances se han dado en la instauración de un régimen institucional que, a pesar de sus imperfecciones, ha logrado establecer prácticas políticas democráticas de considerable solidez. Hoy en El Salvador existen dos grandes partidos políticos que representan a los principales sectores que, antes de firmar la paz, se mataban por sus diferencias: la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN). Junto a ellos existen otras organizaciones políticas de menor fuerza, pero gran legitimidad, que enriquecen las opciones electorales. Como ejemplo de coincidencias básicas en medio de diferencias inevitables, los seis partidos políticos representados en el Congreso emitieron, la víspera del aniversario, una declaración conjunta que, entre otras cosas, los compromete a “emprender un proceso continuo de diálogo y concertación política hasta lograr acuerdos sustantivos en temas prioritarios de la agenda nacional”. Es esta voluntad de convivencia, negociación y búsqueda de soluciones lo que hoy resulta más ejemplar. Además, se han logrado avances –aunque modestos– en crecimiento económico, prestaciones sociales y mejora en las condiciones de vida de la población, dentro de gran estabilidad macroeconómica. Los problemas y desafíos, sin embargo, aún son enormes y requieren una gran atención. Prueba de su magnitud es que, según los resultados de una encuesta del diario salvadoreño Prensa Gráfica , que divulgamos el miércoles, un 64,6% de los consultados considera que las causas de la guerra no han sido eliminadas; un 78,8%, que no se vive en un ambiente de paz, y un 68,9%, que hay peligro de otra guerra civil. Son percepciones que, aunque no respondan totalmente a la realidad, revelan un peligroso grado de frustración. La delincuencia y el crimen son los problemas más visibles. Luego de Colombia, El Salvador es el país latinoamericano con los peores índices en la materia, y sus pandillas juveniles, conocidas como “maras”, son ejemplo de un gran fracaso en prevención, readaptación y control. En lo político, ARENA se ha mantenido ininterrumpidamente en el poder por cuatro períodos, lo cual revela, entre otras cosas, la incapacidad del FSLN para plantear un proyecto de gobierno confiable. El crecimiento de la economía ha estado entre los más bajos de Centroamérica. Más de un millón de salvadoreños viven en Estados Unidos, y sus remesas son la principal fuente de ingresos del país. Y la pobreza y la exclusión son aún muy altas. En ningún momento se supuso que los acuerdos de paz iban a ser la solución a todos estos problemas. Por ello, precisamente, no se les puede cobrar su existencia. Sin embargo, sí es muy necesario que, aprovechando la capacidad de diálogo y acuerdo manifiesta por sus fuerzas políticas, así como el dinamismo de su sociedad, El Salvador avance con mayor celeridad hacia la reducción drástica de la violencia, la pobreza y la exclusión. La democracia da las mejores herramientas para hacerlo. Su uso, sin embargo, depende de los actores políticos y sociales
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |