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/LA NACIÓN

Pobreza, exportaciones y TLC

Estamos en camino a ser país desarrollado, pero no podemos cejar en el empeño

Carlos Ml. Vicente Castro
Exministro de Gobernación

La preocupación por la pobreza arrancó desde el 1.° de abril de 1948, cuando don Pepe, en su Segunda Proclama de Santa María de Dota, manifestó: “El día que terminemos la guerra contra la mala fe, iniciaremos una nueva guerra, la guerra contra la pobreza”.

En efecto, al asumir sus funciones la Junta Fundadora de la Segunda República, la pobreza rondaba el 60%, y al concluir había bajado a un 20%, ello sin ningún programa específico. Bastaron tres medidas: la nacionalización bancaria, el apoyo del Consejo Nacional de Producción a los agricultores y la aplicación de la Doctrina de Salarios Crecientes.

Todavía recuerdo la alegría de los miembros del Gobierno de ese entonces, cuando recibieron la noticia de que las reservas alimentarias del CNP habían bajado considerablemente. ¡Ya muchos costarricenses tenían recursos para comprar comida! Esto es historia, ya pasó. Esas acertadas medidas funcionaron en un país “chiquitico”, con menos de 1 millón de habitantes, y de ellos, un 80% eran campesinos.

Programas y acciones. Cuando don Pepe volvió al poder, en 1970, se encontró que la pobreza todavía rondaba el 20%, la misma cifra en que él la había dejado en 1949. Por eso dedicó parte de su tiempo a idear programas y acciones para reducir ese porcentaje. Entonces las condiciones habían cambiado. Costa Rica era otra. Así que de momento puso en marcha el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), con el propósito de aliviar “la pobreza del pobre”.

Su filosofía era muy simple: ayudar al necesitado a soportar con menos angustia su pobreza. Con ese fin creó un IMAS que, como lo establece su nombre, se encargaría de dar “ayuda social” según la necesidad de cada hogar; es decir, tendría la capacidad de pagarle el recibo de la luz a una familia, del agua a otra, o de proporcionar los pasajes del bus para que el niño asistiera a la escuela. De este modo los hogares pobres podrían mitigar en algo la situación agobiante en que subsistían.

Hoy el problema de la pobreza persiste. Tendremos que recurrir por un tiempo más a las “ayudas sociales” o “limosnas institucionalizadas”.

A solo siete meses de la administración de Óscar Arias, los índices económicos no pueden ser mejores: el crecimiento llegó a la increíble cifra del 7% y la inflación descendió al 10%. El desempleo muestra un aceptable 6,5%, las exportaciones ascendieron al monto récord de los $9.000 millones y las inversiones extranjeras ascendie- ron a $1.500 millones. Además, una más eficiente recaudación de impuestos le ha dado más sustento a las finanzas del Gobierno.

Algunos dicen que Óscar es un gobernante estrella. Yo digo que es un gobernante que genera confianza.

Conquista y fortalecimiento. El costarricense persevera por aumentar las exportaciones, por crear empleo; en fin, por crecer. El Gobierno debe respaldarlo. Apoyarlo en la conquista de nuevos mercados al tiempo que fortalece más y más los programas de salud y de educación. Así, entre el esfuerzo del empresario y el apoyo del Gobierno, se reducirá también la pobreza.

¿Cuándo seremos un país desarrollado? Estamos en el camino de serlo por el empeño del costarricense, por las directrices del Gobierno y por el empujón que de seguro nos dará el TLC, que no solo nos abrirá más y poderosos mercados, sino que estimulará las inversiones extranjeras que generarán empleo y mejores salarios.

Seremos un país desarrollado gracias a los anteriores factores y gracias a la guía de Óscar Arias, un excelente baqueano económico y social. Tardaremos meses más o meses menos, o años más o años menos, pero lo cierto es que lo lograremos. Vamos en camino de ser el primer país desarrollado de Latinoamérica, o el segundo si se nos adelanta Chile.

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