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Foto Principal: 930757
/LA NACIÓN
Buenos Días

Un alto a la masacre


Juan Fernando Cordero
jfcordero@nacion.com


Si un muchachito de 21 años, con veintitantas infracciones a cuestas y una licencia de “conducir” vencida hace más de un año, puede sentarse al volante de un tráiler de 20 toneladas (más otras 20 de carga) y circular alegremente por una de las vías más peligrosas del país, es que ya estamos listos, como dice un importante colega, para “jalar la cadena”

Perdónenme la expresión, pero realmente hierve la sangre constatar a diario la clase de atropellos a la vida civilizada que ocurren en Costa Rica.

Como hierve la sangre saber que tendremos que vivir muchas experiencia trágicas más como la de la familia Quirós Castillo, antes de que ese paquidermo llamado Estado dé un paso en la dirección correcta y acabe, en este caso, con tanta violencia e impunidad viales.

En realidad todos somos corresponsables de lo que pasa en las carreteras nacionales porque, en mayor o menor grado, hemos prohijado esas transgresiones que algunos llevan al máximo nivel de perversidad.

Comenzamos irrespetando la línea amarilla que prohíbe estacionar, nos saltamos sin pudor la zona de seguridad para el paso de peatones y seguimos llevando niños en el regazo y hablando por celular mientras manejamos.

Cuando todo eso nos parece baladí, lo emocionantes es adelantar en curva o por el espaldón, y los más machos gritan a los cuatro vientos que nadie maneja sus carros cuando ya no saben ni siquiera cómo se llaman.

Recientemente ha florecido otra “travesura”: brincarse la luz roja en cualquier esquina y a cualquier hora. Ya no es cuestión de que “es de madrugada y me pueden asaltar en el semáforo”; es una muestra más del “yo hago lo que me da la gana”.

Lo demás es cuestión de tiempo para encarar las peores tragedias; de que aparezcan los más desequilibrados e irresponsables y que las autoridades sigan atadas de manos por falta de legislación estricta y de recursos suficientes para aplicarla.

¿Por dónde empezar para frenar la masacre en las calles y el irrespeto a quienes sí conducen en forma adecuada?

Prácticamente ya todo está inventado, desde los partes impersonales hasta la sanción con cárcel por delitos viales.

Lo que falta es decisión y acción, y aquí es cuando nos damos cuenta del grave daño que nos está haciendo, desde hace tiempo, el exceso de democracia en que vivimos.

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