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/LA NACIÓN

Turbia explicación

Según el olvidado expresidente de la República de Noteapa, a Sadam lo lincharon

Fernando Durán Ayanegui


En un amargado y más bien académico intento por explicarse el vituperable zafarrancho que se produjo en el acto de ejecución de Sadam Husein, un selecto grupo de miembros del Partido Autonomista Manudo (PAM) se reunió a discutir el tema en un lugar no muy cercano al parque central alajuelense. “Cuestión de seriedad y de necesaria calma ambiental”, explicó el viejo Güilibrán González, y opinó: “Si en Costa Rica existiera la pena de muerte y, ¡Dios no lo quiera nunca!, hubiera habido que ejecutar a un condenado en Alajuela, un desaguisado como ese jamás habría sucedido”.

Otra persona, que responde al nombre de Rodguáiler Pastor, replicó: “No estemos tan seguros de eso. Gregorio José Ramírez era de Alajuela y arregló la crisis de 1823 instalando una horca en la plaza central de San José y, hasta donde se sabe, no lo hizo para convocar a una retreta, empezando por que entonces no había una banda que pudiera tocarla, pero sí había un montón de exaltados capaces de bajarle el piso a cualquiera que tuviera en juego la cabeza”.

Bien conocidos. Remo Abarca Alfaro, secretario pro témpore del Partido, intervino para aclarar que, si bien vivía en Alajuela, Gregorio José Ramírez era oriundo de San José y, además, el dictador de los 20 días debió conocer bien a los josefinos puesto que había abandonado su vecindad y les había instalado la horca precisamente a ellos. “¿Por qué no la instaló en Heredia?”. Dijo y agregó: “La patria está donde moras y no donde pernoctas”, pero al parecer nadie le entendió el punto, aunque al parecer todos recordaron que Remo nació en Tibás, trabaja en la zona franca de Cartago, pasa las vacaciones en Orlando, Florida, y en Alajuela solo duerme y se emborracha.

El debate discurrió más o menos en ese tono, pero es imposible repetir por escrito todo lo que se dijo aquella tarde, por lo que se consignan solamente las sentencias finales de Biligrán Ramírez, sempiterno líder espiritual del PAM, y de otro tipo a quien ya nadie recordaba. Inició Biligrán su corto discurso diciendo que, en su condición de clérigo independiente, ecuménico y tolerante de todas las creencias religiosas, quería llamar la atención sobre lo grave que es el truncamiento de una vida humana no importan las circunstancias en que se produzca, gravedad que se ve elevada a la enésima potencia cuando está de por medio la voluntad y la mano de otro ser humano. “Sin embargo”, afirmó, “en el caso que discutimos hay otros elementos para ser considerados, además de la enérgica condena que merecen la autoridades gringas e iraquesas por haber permitido que tanto pachuco bagdalí asistiera a la ejecución, pese a que, según entiendo, en Bagdad no hay tantos pachucos como en Alajuela, lo cual es mucho decir”.

Lo esencial. Fue en ese momento cuando lo interrumpió la voz ya muy cascada de Camote, el olvidado expresidente de la República de Noteapa: “No siga con sus barrabasadas pseudoreligiosas, monseñor Ramírez, que se le está escapando lo esencial del asunto y es esto: a Sadam no lo ejecutaron”. Un murmullo de sorpresa invadió la sala y, allá en el fondo, alguien exclamó: “Por mi madre que Camote se volvió loco”. El aludido no acusó el golpe, a pesar de que la palabra ‘madre’ había quedado en el aire y prosiguió, imperturbable: “A Sadam lo que le hicieron fue lincharlo por orden del primer ministro de Iraq, ¿o acaso no se dan cuenta de que ese mandadero creyó que un linchamiento sería del mejor gusto de George Bush por ser este oriundo del sur de los Estados Unidos? Como buenos alajuelenses que somos no debemos olvidar que los chupamedias son, en promedio, bastante tontos. En todo caso, sería interesante saber lo que al respecto piensa doña Condy Rice, también nacida en el Sur y seguramente muy docta en aspectos medulares de la historia norteamericana de los siglos XIX y XX”.

Y, como ocurría en el pasado con las opiniones de Camote, la hipótesis del linchamiento fue aceptada de manera unánime y convertida en explicación oficial del PAM, solo que la concurrencia no quedó muy satisfecha con lo de que en Bagdad hay menos pachucos que en Alajuela, aunque, por haberlo afirmado el teólogo Biligrán Ramírez, se tomó como una afirmación dudosa, carente de toda credibilidad teológica.

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