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Frustración por la CCSS


Nelson Sibaja Mora
Administrador de empresas

He tenido que “enfrentarme” en varias oportunidades a la aventura que implica depender de los servicios médicos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Una de estas ocasiones fue la de ver a mi hija cuando tenía casi el año, casi muerta, producto de un coágulo que se le originó en el lado derecho del cerebro. Pasó cuatro días en estado semiinconsciente, hasta que tuvimos que acudir a servicios médicos privados para que “la sacaran adelante”. El diagnóstico de los médicos en el Hospital Nacional de Niños era que en cualquier momento la niña fallecía.

Lo curioso de este caso, que está lleno de milagros, es que al cuarto día decidimos consultar a un médico neurocirujano externo a la Caja y nos dijo a mi esposa y a mí: “Si me dejan la niña en mis manos, la saco adelante; caso contrario, fallecerá”, contradiciendo el “criterio médico” de los galenos de la institución. La niña cumple 6 años de vida este enero y se encuentra casi totalmente recuperada; claro, tuvimos que endeudarnos, cosa que hicimos sin pensarlo dos veces, para poder pagar los servicios médicos hospitalarios privados y así “sacarla adelante”.

Espera y muerte. Otro caso fue el de mi padre, recientemente fallecido, que tuvo que esperarse a que apareciera un bypass para ayudar a su corazón a latir, pero la espera fue angustiante; al final, murió. Algo similar pasó con mi madre, que recibió de forma privada un diagnóstico certero del padecimiento que tenía, porque lamentablemente en la Caja, pese a que regularmente hacía su consulta, jamás pudieron detectarle de forma efectiva su insuficiencia cardiaca.

Bueno, sin ir más lejos, yo mismo he tenido que pagar tanto para mí, como para mi esposa, así como para mis hijos, servicios médicos y hospitalarios privados, porque las cirugías eran programadas más allá del infinito.

Al punto que quiero llegar es que no tengo opción: mensualmente me retienen de forma obligatoria mis aportes al seguro de enfermedad, maternidad y muerte, pero a la hora de requerir los servicios médico-hospitalarios, tengo que esperarme a cuando haya campo o a cuando haya un especialista, lo que me causa un fuerte sentimiento de frustración, que me obliga a buscar “financiamiento” para poder pagar lo que teóricamente ya había pagado, porque obviamente el dolor no espera.

Onerosa salida. Hace algunos días un vecino mío sufrió la quebradura de una cadera y le indicaron que tal vez para dentro de dos semanas podría ser intervenido, pero que por el momento lo iban a tratar con medicamentos para el dolor. Hicieron lo mismo que yo: se han endeudado y, como por acto de magia, en un hospital privado lo operaron y dos días después lo visité en su casa y ya estaba en proceso franco de recuperación.

Decidí escribir esta nota, primero que nada, como un medio para generarme catarsis, porque probablemente la problemática de la Caja es tan severa que ni siquiera los Gobiernos de hace 15 años pudieron anticipar esta complejidad, y el actual tiene una agenda de macro- problemas que deberá atender para poder llegar al detalle. En segunda instancia, también escribo porque, así como les he compartido mis experiencias, son muchísimos los costarricenses que mes a mes cotizan al régimen, y que probablemente también están llenos de este tipo de frustraciones. A veces me dan deseos de consultar a un abogado para apelar a la Sala Constitucional si las cotizaciones deben seguir siendo obligatorias, dado que no estamos recibiendo lo que por derecho en términos de calidad y tiempo debemos recibir en la mejor forma, y es ahí donde hay un problema de justicia y equidad, que probablemente es inconstitucional. Al menos, sin ser abogado, lo que sí puedo asegurar es que estamos sufriendo una estafa porque pagamos y no estamos recibiendo lo que debemos recibir.

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