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Aseveraciones erróneas Rebeca Madrigal Directora de Prensa, CNE Dos comentarios en el periódico La Nación de dos distinguidos señores, don Marco Quirós y don Julio Rodríguez, merecen aclaración sobre el “supuesto” abuso de poder en el Festival de la Luz por parte de algunos funcionarios de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE). Desde tempranas horas del 16 de diciembre, cerca de 40 funcionarios de nuestra institución trabajamos hasta la medianoche en el Festival de la Luz, para garantizar, junto con el resto de instituciones, una estancia segura para los cientos de costarricenses que disfrutaron de la actividad. La CNE instaló un toldo en la esquina noroeste de la iglesia La Merced, punto estratégico por la cercanía con hospitales y parques que fueron identificadas como áreas de concentración de víctimas ante la posibilidad de una emergencia mayor. En el puesto se contaba con operadores de radio, plantas de iluminación, vehículos y grupos de voluntarios de los comités de emergencia, quienes realizaron inspec- ciones a lo largo del trayecto durante todo el día. Prevención de riesgos. Los equipos de trabajo verificaron e informaban al Centro de Mando si las rutas de evacuación definidas por la institución eran respetadas, que las tarimas instaladas a lo largo del trayecto cumplieran con los requisitos, el abuso en el uso de azoteas y aleros de edificios que aumentaban el peso peligrosamente, o presencia de cualquier riesgo que pusiera en peligro la vida. Incluso, el puesto sirvió para brindar información a las personas sobre las paradas de buses y otras consultas. Esa fue parte de nuestra labor: garantizar la seguridad para evitar tragedias. Existieron razones de peso para acudir a la Fuerza Pública. La CNE solicitó el apoyo de la Fuerza Pública porque, en medio de mujeres, niños y adultos mayores que se subieron en la loma, encontramos también personas que estaban ingiriendo alcohol dentro del área de trabajo y que mostraban comportamientos inadecuados, quienes no quisieron acatar nuestra solicitud de abandonar el lugar. Esta fue la razón. Efectivamente había niños en el sitio y algunos se quedaron jugando porque el espacio físico era muy amplio y no obstaculizaba nuestra labor. Por lo tanto, indicamos a los señores de la Fuerza Pública que los menores podían permanecer ahí. Injusta laceración. El resto de personas en el lugar éramos, efectivamente, funcionarios de la CNE que trabajamos ese día de forma voluntaria. De igual forma, trabajaron miembros de los Comités de Emergencia de Heredia, Moravia, Tibás, Goicoechea y Desamparados. Por ellos y por los ciudadanos que leyeron los artículos, respondemos con la verdad. No es justo que se lacere, de esa manera, la imagen de una institución que trabaja con entrega para salvaguardar la vida de las personas y los bienes golpeados por el embate de la naturaleza, y a sus empleados que, en muchas oportunidades tienen jornadas extenuantes, que solamente Dios y nuestras familias conocen y en ocasiones sienten. Seguimos adelante y, si ofendimos algún ciudadano, ofrecemos disculpas, pero nuestra acción fue justificada y en ningún momento hubo ningún odioso privilegio.
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