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/LA NACIÓN

Hay que visualizar lo esencial


Bryan Villalobos Palma
Director Colegio Patriarca San José

Cuando se va a iniciar un curso lectivo, es común escuchar todo lo que hace falta: pupitres, aulas, plata para comedores, becas, dinero para transporte…

Sin embargo, es fundamental también tener clara conciencia que lo principal para iniciar un curso es el proceso de mentalización que cada uno de los actores pueda tener.

El primero que debe estar preparado es el director del centro; para esto debe haber construido un plan de inducción para el docente y los compañeros del personal administrativo que inspire orden, confianza, profesionalismo y sobre todo las ganas de hacer las cosas bien.

En segunda instancia, debe existir un maestro comprometido, deseoso de iniciar una labor, dispuesto a realizar el mejor esfuerzo y convencido que cada lección que imparte es una oportunidad para crecer en conjunto.

Estudiantes y padres. Una vez que inicia el curso, se recibe el elemento fundamental del proceso: el estudiante. Este debe llegar completamente mentalizado en el hecho de que su trabajo es el estudio, por lo cual debe asumir necesariamente la responsabilidad que le compete. Para lo anterior, el diálogo que se haya dado en casa es básico para iniciar con las normas claras.

Un cuarto participante es el papel que ejerza el padre de familia desde el primer día de lecciones. Los padres deben tener clarísimo que la escuela o el colegio no es una guardería o un lugar donde se entretienen a los hijos, sino un espacio para transmitir, descubrir o construir conocimiento en todas las dimensiones; por lo tanto, les corresponde estar atentos de manera diaria al progreso intelectual, social, espiritual, moral…

La mediación como recurso para ayudar a la socialización debe involucrar, por consiguiente, a directores, docentes, alumnos, padres de familia y a la comunidad en general.

Actitud de todos. Empero, para que esto ocurra, debe haber actitud de todas las partes, la cual Allport define como: “estado de disposición mental y nerviosa organi- zada mediante la experiencia que ejerce un influjo dinámico de la respuesta del individuo, a toda clase de objetos y situaciones”. Se puede decir que las actitudes son, entonces, modos profundos de enfrentarse a sí y a la realidad, maneras habituales de pensar, amar, sentir y comprometerse.

La primera directriz ministerial del actual Gobierno trata de dar una aplicación metodológica más real al término ‘educación’. Se les recuerda (devuelve) la autoridad a los responsables de los centros educativos.

Una escuela o colegio camina bien porque todos los que pasan por ahí construyen cada día desde sus respectivas trincheras, sin importar el protagonismo de nombres, teniendo claro que cuanto mejor esté una institución mejor van a estar cada uno de sus gestores.

El mundo actual prácticamente nos exige tomar riesgos, entendido esto de la forma más positiva. Ghiso lo resume: “Es en relación con el riesgo donde se dan los aprendizajes significativos, las transformaciones conductuales, los cambios en las formas de expresión y de acción”. Es en torno a esto que los procesos pedagógicos construyen las actitudes reflexivas y las capacidades críticas que facilitan las transformaciones.

Mentalización positiva. Todos tenemos a nuestro alcance la capacidad y las herramientas para conseguir resultados extraordinarios. Con un proceso de mentalización positiva se programan situaciones que desean vivirse. Estas proyecciones permiten aumentar nuestra seguridad y acabar creyendo que los acontecimientos diarios bien vale la pena aprovecharlos.

Un ser humano con actitud positiva baja el nivel de agresividad, posterga el autoreconocimiento, mantiene esperanzas, sueña, se recupera de los reveses y aumenta la creatividad.

Se hace propicia la aparición del “Efecto Pigmalión”, formándose en nuestra mente imágenes que guían y estimulan nuestra acción hacia el logro. Pero un logro que se alcance con alegría y con la tranquilidad de no herir sensibilidades de otros.

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