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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com La Conferencia Episcopal de Venezuela no se ha amilanado ante Hugo Chávez. A sus reiterados agravios y a su carrera alocada hacia el abismo los obispos han respondido con argumentos y con los valores y principios que, como nos demuestra la historia, han forjado el desarrollo de los pueblos. Ojalá el cardenal Obando, de Nicaragua, tan sumiso ante Alemán y Ortega, levante, si puede, la voz. La Conferencia Episcopal de Venezuela ha dado respuesta esclarecedora al discurso inaugural del tercer mandato de Chávez en el que, en medio de una retahíla demencial de despropósitos, anunció la fundación de un régimen socialista basado en Marx, Lenin y Jesucristo, para cerrar su incontenible verborrea con el tríptico castrista de “patria, socialismo o muerte”, vaticinio tenebroso, en buena lógica, de una inmolación nacional o del suicidio del gobernante, ante la imposibilidad política y económica de aplicar el “Socialismo del Siglo XXI”. “La raíz ideológica del Socialismo del Siglo XXI –dicen los obispos– es la doctrina clásica marxista-leninista de los dos últimos siglos…”. Luego, agregan un concepto básico: “El socialismo no es una ideología homogénea, sino que tiene diversas expresiones, desde las más colectivistas e impositivas hasta las más pluralistas, democráticas y respetuosas de la propiedad privada”. Es decir, si alguien habla de socialismo o, en su caso, de neoliberalismo, debe definirlo. Me atrae, en este sentido, el pensamiento de Monique Canto-Sperber, directora de la Escuela Normal Superior de París, investigadora de renombre mundial, quien propone la conciliación del liberalismo y del socialismo, como filosofía del hombre y del mundo social, orientados por el valor de la persona humana, la autonomía social, la eficacia, la renuncia a la utopía, la propiedad, la justicia social, el Estado de derecho y la parte irreductible de la iniciativa económica. “El socialismo –decía Carlo Roselli– es cuando la libertad llega a la vida de los más pobres”. El problema de Chávez, como el de otros que juegan con este concepto, no es que sea socialista (no tiene idea de lo que esto significa), sino un charlatán, ignorante y corrupto, que ha concentrado todo el poder montado en un océano de dinero. Esta es la cuestión. Este es, por ello, un nuevo capítulo ominoso en la historia de América. La triste conclusión es que ningún pueblo ha podido levantar el vuelo conducido por este género de farsantes. El desenlace está, pues, a la vista, aunque algunos “chavitos ticos” crean, a estas alturas de la historia, que se combate la pobreza, se orienta el desarrollo y se enfrenta la globalización con retórica social patriotera anti-TLC. ¡Qué cortedad de miras!
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