 Manifestaciones por la paz en España
(AFP)
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BILBAO, España (AFP) -
Dos semanas después del atentado mortal de ETA que puso un brutal fin al proceso de paz iniciado por el gobierno español, la sociedad vasca quiere mantener, pese a todo, la esperanza de una solución definitiva y pacífica de un conflicto que dura cerca de 40 años.
La decepción y la rabia sentidas por la mayoría de los dos millones de habitantes de la región de Euskadi (País Vasco), tras la explosión de una furgoneta-bomba en el aeropuerto de Madrid, estuvieron a la altura de las esperanzas suscitadas por el alto el fuego permanente decretado por ETA nueve meses antes.
"Destruido" es la palabra que le viene a la cabeza al padre Jesús de Garitaonandia, párroco de la basílica de Begoña, un santuario muy venerado por los vascos en las alturas de Bilbao.
Este cura vascohablante, que se describe como "nacionalista de corazón", para el que la lengua y la cultura de su "país" le son tan queridas, recuerda el día del alto el fuego el 22 de marzo de 2006 cuando tuvo la tentación de lanzar al vuelo las campanas de su vieja basílica.
"Para mí fue una época maravillosa, la viví muy golosamente. Hoy estoy totalmente disgustado, roto, alucinado", explica.
En marzo de 2006, cuando ETA anunció que ponía fin a sus acciones armadas después tres años sin atentados mortales, muchos en el País Vasco tomaron este alto el fuego permanente por el primer paso hacia el fin definitivo de la lucha armada de Euskadi Ta Askatasuna (País Vasco y Libertad, ETA).
"Creía en esta palabra 'permanente' (...) y ahora me siento muy mal", añade este cura de 69 años. Sin embargo, algún día "habrá que retomar la relación con ETA y su entorno para que este proceso no quede totalmente deshecho para siempre, pero desde un planteamiento nuevo".
Cita una frase de Desmond Tutu, jefe de la Iglesia Anglicana sudafricana y Premio Nobel de la Paz 1984: "con respecto al enemigo mucho cuidado porque a fin de cuentas, la paz hay que hacerla con el enemigo".
Los poderosos ambientes económicos de Bilbao también recibieron el alto el fuego como una bofetada. "Hemos sido excesivamente optimistas", confiesa Enrique Portocarrero, director del Círculo de Empresarios vascos, que reúne a 70 grandes empresarios de Euskadi.
"En el mundo empresarial había una enorme esperanza por el hecho de que este proceso de paz desembocara en el fin absoluto de la violencia", agrega en su despacho, situado en unas de las torres comerciales del centro de la capital económica del País Vasco.
Para el representante de la patronal vasca sólo queda una pequeña luz al final del túnel: "que Batasuna condene la violencia y se incorpore a la modernidad".
La coalición independentista radical, brazo político de ETA, no ha condenado por ahora el atentado y simplmente llamó al grupo armado a mantener su alto el fuego permanente.
ETA anunció poco después por medio de una comunicado que consideraba que su alto el fuego permanente seguía "en vigor".
"Bilbao es una ciudad muy moderna. Es impensable que aquí, en el Siglo XXI, exista un movimiento político que mantenga la violencia como medio de expresión política... es una cosa de la noche de los tiempos", afirma Portocarrero.
En la sede del Partido Nacionalista Vasco (PNV), el principal partido vasco a la cabeza del gobierno regional, también se mantiene una pequeña esperanza.
"Estamos convencidos de que la voluntad de los dirigentes de Batasuna es hacer política", lo que tarde o temprano se traducirá en una condena de la violencia, considera un representante del PNV, que prefiere mantenerse en el anonimato.
Como respuesta, el dirigente de Batasuna, Arnaldo Otegi, anunció el martes el inicio de una "reflexión interna" para aclarar la línea de su partido.
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