 "Para comer, malabares hay que hacer, y magia también", dice un cubano universitario de unos 45 años
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HABANA (AFP) -
Con su libreta de racionamiento, los cubanos tienen una canasta básica de alimentos a precios subsidiados que rinde de siete a 15 días, según la creatividad del cocinero, pero deben hacer malabarismos para acompañar en la mesa el arroz y los frijoles.
"Sin la libreta nadie puede vivir, pero sólo con la libreta tampoco", asegura un economista jubilado de 58 años que conduce un taxi ilegal.
Los cubanos afirman que con la libreta -creada hace 45 años por el gobierno de Fidel Castro- nadie muere de hambre, aunque deben ingeniárselas para obtener otros productos de primera necesidad, muchos sólo disponibles en pesos convertibles (CUC), la divisa nacional que reemplaza al dólar.
Para la mayoría de la población, que gana en promedio 12 dólares al mes (unos 310 pesos cubanos), hacerse con un litro de aceite (unos 2 dólares), medio kilo de carne de res (5 dólares) o un kilo de leche en polvo (4,6 dólares) es una hazaña doméstica.
"Si no tenemos dólares (CUC), no podemos comer, al pueblo no le alcanza lo que compra con la libreta en la bodega. Si uno lo estira, puede durar 15 días, pero carne de res no comemos, y la carne de cerdo hay que comprarla en la calle", dice Hilda, una residente de Centro Habana de 78 años que trabajó hasta hace un par de años en la limpieza de casas.
Medio kilo de pierna de cerdo cuesta unos 25 pesos (1,1 dólares) en un mercado agrícola. Un kilo de café "puro" en una tienda cuesta casi ocho dólares, pero en el mercado negro, donde es "estirado" con chícharos (guisantes) tostados y molidos, cuesta unos 20 pesos (cerca de un dólar).
"Para comer, malabares hay que hacer, y magia también", sentencia un universitario de unos 45 años que reside en Cerro, un barrio popular de La Habana.
El gobierno defiende los valores sociales de la revolución, con índices de salud y educación envidiables en gran parte de América Latina. El gas, el teléfono, la electricidad, el agua y la vivienda están subvencionados.
No obstante, Raúl Castro, quien hace más de cinco meses sustituye en el poder a su hermano Fidel -convaleciente de una cirugía intestinal-, señaló recientemente el abastecimiento de alimentos agrícolas como uno de los problemas más serios que afrontan los cubanos.
La cuota de la libreta, que se compra en las "bodegas", incluye unos tres kilos y medio de arroz, cerca de medio kilo de frijoles, un cuarto litro de aceite, dos kilos y medio de azúcar, 10 huevos, medio kilo de pollo y 250 gramos de picadillo de carne de res mezclada con soya molida, a veces galletas y algo más.
Los menores de siete años y los ancianos tienen subsidiado un litro de leche diario, que cuesta 50 centavos de un peso (0,025 dólares).
La situación ha mejorado desde la crisis provocada por la desintegración de la Unión Soviética en 1991, llamada "periodo especial", cuando las amas de casa apelaron a su creatividad para poder vestir a sus familias y resolver tres comidas diarias: inventaron recetas con cáscaras de plátano y hasta una sopa de espinazo de pescado.
"Tengo que salir todos los días a buscar qué comer, si me quedo en casa, no como", sostiene Hilda, que no tiene nevera pero utiliza la de un vecino.
A pesar de la fértil tierra de labor, los rendimientos siguen siendo bajos, muchas veces por trabas burocráticas e ineficiencia, la sequía y los huracanes que afectan a la isla, y la despensa cubana depende en buena medida de las importaciones, desde tierras lejanas a raíz del embargo estadounidense.
Ernesto Fidel, un chofer de 38 años que hasta hace poco manejaba un camión de transporte de carne congelada a los hoteles de toda la isla, también se queja de que los precios están por las nubes. "Aquí todo está caro salvo los condones, que cuestan cinco centavos de peso cada uno. ¡Menos mal!", afirma.
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