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¡Sabotaje! Luis Rojas Coles lcoles@nacion.com El robo de las computadoras de la Dirección General del Servicio Civil, el pasado 4 de este mes, en las que figuraban al menos 7.000 nombres de docentes, para el próximo curso lectivo, no puede verse como una simple fechoría de personas que quieren “prolongar su periodo vacacional”. No. Estamos, sin duda ninguna, ante una fechoría de alcances impensables y que no tiene como objetivo “protestar” contra el ministro de Educación, porque les cae muy mal o porque tiene el pelo muy largo. El país entero enfrenta un claro sabotaje, el que, dichosamente y gracias al esfuerzo de numerosos funcionarios públicos, no podrá consumarse tal y como, podría suponerse, tenían planeado los hacedores de este robo. El curso va a comenzar en la fecha prevista y aunque, como suele ocurrir y ha ocurrido durante tantos años, las carencias se empezarán a asomar una vez que la alegría de los educandos empiece a llenar las aulas y de nuevo comenzarán las carreras. Sin embargo, el Estado y la sociedad costarricense no podemos dejar “pasar” este acto bochornoso y sonrojante, como si se tratara de una “travesura infantil”. Por el contrario. Ahora, más que nunca, es urgente dar con los responsables del hecho, a quienes desde ya será necesario encasillar en los archivos de los malos costarricenses, con el fin de avergonzarlos y que tengan un escarmiento acorde con el daño que pudieron causar. “Este es un Ministerio que durante muchos años ha sido prisionero de una estructura de miedo. Y, cuando una institución se basa en el miedo, la lógica que prevalece es la de no correr riesgos. Y lo que le estamos diciendo a la gente es que corra riesgos, que haga cosas distintas. Eso choca y puede incomodar a algunas personas”, dijo recientemente el responsable de la cartera de Educación, Leonardo Garnier, durante una entrevista con este diario. Es obvio que, para los autores de semejante fechoría, los intereses de la patria no existen, como tampoco existe, para ellos, la decencia y la moral. Cualquiera pensaría que estamos ante el comienzo de una trama cuyo objetivo es la desestabilización del país, absoluto enemigo de las posiciones populistas tan en boga por estos días por otros suelos del continente y contra las que se ha manifestado, claramente, el presidente Óscar Arias. A Costa Rica le urge una reconstrucción, pero ella no será cierta ni limpia, cuando algunas organizaciones, “embriagadas” de un poder que no tienen y que jamás se han ganado en la honestidad de las urnas, pretenden hacerlo a su manera, con amenazas callejeras y con intentos claros de soborno.
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