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/LA NACIÓN

La sabiduría del perdón

Proporcionalmente, Costa Rica sufrió más en 1948 que Chile bajo Pinochet

Jaime Gutiérrez Góngora
Médico

En medio de tantos países fracasados y otros en perspectivas de sucumbir, Chile se levanta como esplendoroso ejemplo, señalando el camino hacia el espectáculo del desarrollo. Es el modelo latinoamericano, nuestro paradigma. Por eso es que el auge de la democracia chilena, la consolidación de su proyecto económico y su estabilidad política es del mayor interés de quienes creemos en la democracia y en el progreso de los pueblos.

Michelle Bachelet está arriesgando la estabilidad chilena al buscar una justicia de venganza. Surgen los monumentos y los homenajes a Allende e interminables juicios y condenas contra Pinochet. Ha escogido ignorar que el pueblo chileno está dividido y que, cuando Pinochet perdió las elecciones, sacó el 44% del voto, mientras que, cuando Allende ganó la presidencia, obtuvo solo el 36%. Dos de cada tres chilenos votaron contra él. No contaba con un mandato popular para impulsar cambios radicales tales como la nacionalización de los recursos naturales, las industrias básicas, los servicios públicos, los bancos y una reforma agraria que era, en la práctica, un robo del Estado. Le declaró la guerra a la clase media y desató el horror y la rabia de la clase alta. Allende polarizó al pueblo chileno.

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/LA NACIÓN

Por el pueblo. Como hizo Allende, doña Michelle, en lugar de unir a su pueblo, lo está fragmentando al demonizar a Pinochet. En vez de ser presidenta de todos los chilenos, está marginando a los cientos de miles de chilenos que expresaron su dolor a raíz de su muerte. Desde el punto de vista humano, su odio al general y a su régimen es comprensible. Ella y su familia fueron víctimas de los peores vicios de la dictadura. Pero la verdad es que otros líderes, por el bien de sus pueblos, han superado semejantes vejámenes.

Un alma noble como la de Nelson Mandela, después de 27 años en prisión, sometido a torturas y humillaciones, salió de la cárcel en 1991 y se dedicó a predicar el perdón y una política de reconciliación. La “Comisión de la Verdad y la Reconciliación” otorgaba la amnistía a los acusados de atrocidades si los crímenes fueron motivados por asuntos políticos y si el acusado decía toda la verdad. Después de tantos cientos de miles de torturas y asesinatos, Mandela logró la estabilidad y la democracia de un pueblo que parecía irredimiblemente sumido a la violencia racial. El perdón a Nixon del entonces presidente Ford lo agigantó como político y le ahorró a su pueblo un destructivo y prolongado período de inestabilidad.

Ejemplo costarricense. El presidente Arias solicitó a doña Michelle que ayudara a Costa Rica con el ejemplo chileno. No se le ocurrió que le podía ofrecer a la presidenta algo a cambio: el ejemplo de Costa Rica. En la década de la violencia de 1940, en términos de muertos, Costa Rica sufrió más que Chile en la década de 1970. Chile tenía cerca de 8 millones de habitantes en los años del conflicto y 3.000 chilenos perdieron sus vidas, mientras que en Costa Rica murió aproximadamente ese número de personas, pero con una población de apenas 800.000. En relación con la población, murieron 10 veces más costarricenses en la revolución de 1948 que chilenos durante la dictadura de Pinochet.

Pero en Costa Rica se superaron los odios gracias a que sus gobernantes y su pueblo, que también había sufrido vejámenes, pusieron los intereses del país primero, en vez de buscar la justicia de venganza que se está fomentando en Chile. Doña Michelle, en lugar de contribuir al progreso, a la paz social y a la reconciliación de su país, está reabriendo y perpetuando las muchas causas de división de su pueblo, con repercusiones impredecibles.

Un huérfano de guerra costarricense lo expresó así: “Ya es hora de ponerle fin a la guerra del 48. Se pueden fomentar los viejos odios, pero con ellos no resucitaremos a nuestros muertos. Ninguna persona decente puede querer atizar esas cenizas. Nuestros muertos no verían con aprobación que nos preparáramos a crear nuevas víctimas de una batalla ya librada”.

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