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‘Cuidacarros’ venden cuadras en ¢500.000 Algunos vigilantes defienden “territorio” con violencia y hasta usan el puñalMinisterios y municipalidades ven imposible controlar este negocio Vanessa Loaiza N. vloaiza@nacion.com El negocio de cuidar carros en la vía pública se ha vuelto tan lucrativo que los vigilantes venden los mejores puntos en precios que oscilan entre ¢250.000 y ¢500.000. El pago le concede a un cuidador de carros el “derecho” de trabajar en forma exclusiva en una cuadra o en una porción de ella. Iris Porras, un hombre de 70 años que vigila carros de lunes a viernes frente a la Biblioteca Nacional, en San José, afirma que un colega suyo pide ¢250.000 en efectivo por su campo. Ese guachimán es uno de los tres que se reparten el cuido de la acera frente al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). A Porras le pareció razonable el monto solicitado pues, según aseguró, en ese sitio se puede ganar entre ¢8.000 y ¢10.000 por cada jornada de ocho horas. Otro individuo de apellido Moscoso pidió ¢500.000 por ceder toda la acera ubicada frente a la catedral de Alajuela. Se trata de una de las cuadras más céntricas de esa ciudad. Allí estacionan los conductores que van a misa o aquellos que hacen trámites en la Municipalidad, la Mutual Alajuela o Acueductos y Alcantarillados. Estos casos explican por qué el servicio de los “cuidacarros” se viene extendiendo en los últimos años por las aceras d el país. Cada vez más choferes se ven obligados a pagar tarifas antojadizas por parquear en plena vía pública o para evitar que estos vigilantes ilegales ocasionen daños en sus automotores. Los ministerios de Trabajo, Transportes y Seguridad aseguran que tienen poca posibilidad de intervenir en este negocio callejero, que prolifera frente a restaurantes, bares, universidades, iglesias, supermercados y más. Buenos ingresos. Si un “cuidacarros” es dueño de una “cuadra buena” puede ganar hasta ¢10.000 diarios por una jornada de ocho horas y al menos ¢200.000 por mes. Su ingreso es un 102% más alto que el de un peón agrícola, que apenas suma ¢4.953 diarios y ¢99.060 por mes. Lo anterior explica por qué se cotizan tanto los puntos y por qué incluso hay disputas violentas entre los vigilantes. Jorge Chacón, quien vigila autos en una acera del parque Nacional, en San José, relató que el pasado 16 de diciembre (día del Festival de la Luz) un colega hirió con un arma blanca a un hombre que pretendía trabajar en esa zona. Esa noche se cobraba entre ¢1.000 y ¢2.000 por cada vehículo estacionado en dicho punto y Chacón se fue para la casa con ¢38.000 en el bolsillo. Cuando se vende una cuadra el resto de “cuidacarros” vecinos aceptan al nuevo inquilino y lo defienden ante la eventual llegada de otros trabajadores informales que quieran adueñarse del punto. Es una especie de contrato verbal entre las partes. Los guachimanes no cotizan para el seguro social ni pagan renta por el salario que perciben, lo cual podría ser sancionado con una multa de Tributación Directa. Libre tránsito. Karla González, ministra de Transportes, declaró que no pueden sacar a los “cuidacarros” de las calles porque todos los ciudadanos tienen derecho al libre tránsito. Francisco Morales, ministro de Trabajo, aseguró que se trata de una actividad informal que no está regulada por su despacho. Y finalmente, Rafael Ángel Gutiérrez, viceministro de Seguridad, dice que sus oficiales actúan solo en caso de denuncia, cuando hay amenazas o vandalismo. Gutiérrez, no obstante, consideró que esta actividad debería ser regulada por la Ley de servicios de vigilancia privada. El viceministro sostiene que lo idóneo es que los guachimanes porten un distintivo visible que diga “vigilante” y que estén adscritos a una empresa o cooperativa de seguridad privada. Johnny Araya, alcalde de San José, también aspira a que los “cuidacarros” josefinos se organicen en cooperativas y que porten su nombre en un lugar visible, para que los conductores puedan denunciarlos en caso de abusos. Colaboró Francisco Barrantes, corresponsal de La Nación.
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