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Repensar leyes Jorge Arroyo setter@racsa.co.cr Dramaturgo Se legisla para mejorar las relaciones entre los seres humanos, y no para entrabarlas, pero sobre las leyes debe privar el sentido común. En Costa Rica nos apuramos a invertir la fórmula, nos ahogamos en un océano de leyes con un centímetro de profundidad en su aplicación por vías de la razón, y muchas veces nuestro sistema legal coarta la acción ciudadana positiva, o facilita excusas para que inmorales se guarezcan bajo cuestionables interpretaciones. Un país lo delinean quienes redactan sus leyes, pero lo conforman quienes las entienden como referencia y no como mordazas ni ataduras; es decir, aquellos que en el espíritu legal hallan una herramienta para fortalecer sus obligaciones particulares y sociales, y no para eludirlas. Hecha la ley, hecha la trampa, dicen, y se ve razonable si la ley obstaculiza y la trampa apura bondades para el común. Es sensato acatar las leyes, mas en ciertos casos es de sabios romperlas con tino, ética y principios. Si el norte es noble, las leyes no deben ser inmutables, sino un consejo para el bienestar social. Reevaluar el corpus legal del país es una asignatura pendiente, especialmente para la generación que ahora asume el mando. Esta labor es individual y colectiva, y en la Asamblea Legislativa podría empezar el acto de contrición.
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