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¡Domingo 7! Fernando Durán Ayanegui Debemos al cuento de Carmen Lyra la idea de que un domingo 7 es cosa mala, aunque tal vez lo sea solo si cae en diciembre y ese día hay que elegir alcalde en Montes de Oca. Para el 2007, hoy es el primero de ellos; en el calendario, porque en política, educación, deporte, turismo y economía habrá muchos más, como ocurrió en el 2006 gracias a la mala costumbre de algunos de firmar artículos o declaraciones que ni siquiera han entendido, con lo que se atrapan bajo una piedra la lengua y la pluma. Y, como reza un adagio alajuelense, “no se puede esconder un tonto si todavía huele a naranja”. En todo caso, la leyenda es de origen español y esta, a su vez, proviene de Italia, adonde llegó desde el norte, ya que la versión más antigua que recordamos haber leído viene de allá por las Escandinavias. En la versión nórdica los protagonistas son dos hermanos jorobados, uno de los cuales termina rico y guapo y el otro acaba con doble joroba; el estribillo inicial de las viejitas (no brujas) es un aburrido “lunes y martes, lunes y martes”, el hermano bueno lo convierte en un satisfactorio “lunes, martes y miércoles” y el envidioso lo echa a perder con un “lunes, martes, miércoles y jueves” que provoca la ira y el castigo de las señoras. En la versión italiana, incluida en una recopilación de Italo Calvino, los hermanos siguen siendo jorobados, las damas del bosque siguen sin ser brujas y el estribillo inicial es tan solo “sábado y domingo, sábado y domingo”, el afortunado lo lleva a “sábado, domingo y lunes” y el envidioso se gana la joroba adicional convirtiéndolo en “sábado, domingo, lunes y martes”. Finalmente, en la leyenda española hay hermanos jorobados, las del bosque ya son brujas que numeran y la salmodia de ellas es “lunes, martes y miércoles 3, jueves y viernes”, a lo que el galán de la película agrega “sábado 6” y el que mete la pata ensarta el fatídico “y domingo 7”. Ahora bien, ¿por qué Carmen Lyra cambió las jorobas por un “güecho”, es decir, una gran protuberancia bajo la barbilla? Tal vez lo hizo para adaptar la leyenda al medio, pues a principios del siglo XX abundaban en San José las personas que, por causa de una deficiencia glandular, mostraban un güecho, problema de salud pública que se remedió, según parece, con la adición obligatoria de yodo a la sal de cocina. Aún recuerdo, de mi infancia, que a los alajuelenses se les apodaba “mozotes” o “piñuelas” y a los josefinos se les apodaba “güechos”. Los tiempos cambian y, a como juega la Liga últimamente, es en Alajuela, donde amenazan con imponer un nuevo apodo de corte canino.
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