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Ojo crítico Rodolfo Cerdas Difiero de los que piden una oposición modosita y simbólica cuando se trata de “sus” proyectos, y una intransigente y combativa cuando no lo son y afectan sus intereses. Mal haría la oposición venezolana si aceptara las nuevas reglas que, poco a poco, le impone el régimen de Chávez y que amenazan con reducirla a la impotencia, pues el Presidente tiene prisa y cuenta con el apoyo de una aplastante mayoría. A la oposición hay que pedirle que sea leal al sistema y se mantenga dentro de las reglas del juego. Vista su trayectoria, el PAC –como en su momento el Libertario–, así lo ha hecho, con la particularidad de que su oposición al TLC ha sido más fundada y abierta a la discusión, que la más bien obstruccionista de los libertarios contra el plan fiscal. Todo ello es parte normal de la democracia. La oposición del PAC al TLC no es ni pálida sombra de la que le hizo don Mario Echandi a don Pepe en los cincuenta, cuando, con 32 diputados y no 25, había ganado por una aplastante mayoría y no solo por un 1,18%. La democracia se benefició con la oposición de don Mario, que equilibró el peligroso “pa’ eso tenemos mayoría”. Pese a no compartir sus tesis, no he visto nada irracional, caprichoso o meramente obstruccionista en la actitud del PAC: la Comisión de Internacionales ha cumplido sus plazos, la agenda enviada por el Ejecutivo se ha respetado y todas sus acciones se han mantenido dentro de los términos reglamentarios. Sí he visto oposición y fuerte; pero eso es legítimo y del todo natural en una democracia, excepto para los que no quieren oposición, o desean una de mentirillas. Nuestro sistema no es mayoritario –donde el que gana, manda–, sino proporcional; y por eso aquí la oposición pesa. Costa Rica tarda en decidirse –recuérdese el ingreso al Mercomún en los 60–, pero, cuando lo hace, cumple. Asustar por el retraso es un recurso polémico válido, pero nada más. El paquete fiscal no se aprobó y no pasó nada y hasta bajó la inflación, pese a los augurios catastrofistas de los vampiros tributarios. El Salvador se ha puesto de ejemplo por ser el primero en globalizarse: dolarización, TLC, aduanas, etc. Pero resulta que su “gran éxito” ha sido la exportación de… salvadoreños a los EE. UU. La democracia no es un quita y pon que solo se acepta cuando conviene. Es legítimo, necesario y conveniente que cada actor presione y defienda lo suyo, use los medios a su alcance y luche por sus tesis. No hay que temerle a este ejercicio, ni impacientarse con él. Lo que sí no puede permitirse es que alguien se salga de las reglas fundamentales que le dan vida al sistema.
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