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Logros y retos políticos Tras cuatro años de vacío, el país ha retomado un buen rumboA pesar de los avances, las tareas para el año son cruciales y complejas Si algo quedó plenamente de manifiesto, durante los cuatro años de gobierno de Abel Pacheco, fue la solidez institucional del país. A pesar de su ausencia de liderazgo, de sus contradicciones, vacíos, confusión y pocos logros, del surgimiento de un nuevo mapa político-partidista en las elecciones del 2002 y de la crisis de confianza ciudadana suscitada por los escándalos que involucraron a tres expresidentes, Costa Rica mantuvo su estabilidad. Más aún, y aunque a costa de un peligroso incremento del rezago en inversión pública, los índices macroeconómicos mejoraron, y hasta se pudo completar una positiva reforma: la del Sistema de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja Costarricense de Seguro Social. Sin embargo, también esos cuatro años pusieron de manifiesto que el país no podía seguir por la ruta de indefiniciones, evasiones y torpezas. La “deuda” de desconfianza, desafíos, problemas y decisiones congeladas acumulada en ese cuatrienio ya se había vuelto insostenible. Por esto, el cambio de administración del 8 de mayo fue un hecho crucial de nuestra vida política. Ese día, el presidente Óscar Arias debió asumir el país en circunstancias muy complejas. Su estrecha victoria electoral había producido una incertidumbre inicial que, aunque pronto se despejó, le otorgó un mandato más débil que el esperado. A esto se sumó un nuevo cambio en el mapa político-electoral: la reducción a su mínima expresión del partido Unidad Socialcristiana (PUSC), la emergencia de Acción Ciudadana (PAC) como la segunda fuerza de oposición (con 17 diputados), y una Asamblea Legislativa que, como resultado de lo anterior y de otras opciones electorales (especialmente el Movimiento Libertario), se mantuvo fragmentada. Sin embargo, Liberación Nacional (PLN) logró subir sustancialmente su número de diputados, de 17 en el 2002 a 25. Así, quedó a solo 4 escaños de la mayoría simple y a 13 de la calificada. Como contexto de este panorama, una serie de sectores gremiales, junto a uno que otro político resentido, mantuvieron una irresponsable y antidemocrática posición de desconocimiento hacia nuestra legitimidad institucional, y una insistencia en la llamada “democracia callejera”, no como forma de legítima expresión pública, sino como inaceptable sustituto de los mecanismos de decisión constitucionalmente establecidos. El Gobierno, además, heredó una agenda de enorme envergadura y urgencia nacionales, de la cual forman parte, entre otras iniciativas, la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, sus agendas de implementación y complementaria, la mejora en varias instituciones de prestación social, las reformas fiscal, político-electoral y al sistema financiero, y una serie de empréstitos estratégicos. Emprender esta agenda en situación política y social ya comentada, fue un reto de gran envergadura. Hasta ahora, para bien del país, el Gobierno lo ha asumido con razonable eficacia. El cambio más intangible, pero emocionalmente visible, es la confianza de que el país, por primera vez en seis años, cuenta con el liderazgo, la visión, el equipo y la determinación de avanzar. En estos meses iniciales, el Ejecutivo conformó un equipo humano competente, ha puesto orden en muchos ámbitos, ha establecido prioridades explícitas, ha hablado con un lenguaje claro, ha presentado e impulsado proyectos esenciales (por ejemplo, TLC, apertura de telecomunicaciones y seguros, reformas a concesión de obra pública, modernización del ICE) y ha logrado importantes avances en el proceso legislativo. El dictamen del Tratado por la comisión de Asuntos Internacionales, el 12 de diciembre, es la mejor evidencia. En todo esto ha sido determinante la capacidad de negociación política y social del Gobierno: la primera, con los partidos políticos, a excepción del PAC, que se mantiene en una actitud intransigente; la segunda, especialmente con sectores productivos, solidaristas y cooperativistas. Además, ha habido una agenda internacional más proactiva, a la que nos referimos en el editorial del 28 de diciembre, y, en lo económico, cerramos el 2006 con un balance muy positivo, lo que también comentamos editorialmente, el lunes 1.º de enero. A la luz de este sintético balance, resulta claro que el 2007 será un año clave para el país, en el cual el Gobierno –y, ojalá, también la oposición– deberán potenciar sus mejores capacidades para votar e implementar, al menos, el TLC y sus proyectos vinculados, y una buena reforma fiscal. Por desgracia, hasta ahora el PAC, en lugar de buscar puntos de encuentro y negociación alrededor de esas iniciativas, mantiene un rechazo a ultranza y desapegado de la realidad y necesidades nacionales e internacionales. Los gremios más militantes, conforme han ido perdiendo apoyo, han endurecido aún más su posición, y, ante la inminente aprobación del Tratado, se viene forjando un nuevo frente de choque: el jurídico, con el propósito de encontrar cualquier detalle minúsculo en el trámite que justifique cuestionarlo ante la Sala Constitucional. Son, todas, posiciones poco responsables, que esperamos sean superadas plenamente, para bien del país. Pero más allá de este desafío inmediato, es urgente continuar avanzando en apertura, integración a la economía internacional, mejora en la educación y la salud, combate a la pobreza, y el diseño de un esquema tributario y redistributivo más eficaz y justo, que se convierta en instrumento de desarrollo y de equidad. Las posibilidades de mejora pasan por negociaciones aún más intensas con la oposición, por una mezcla de firmeza y humildad, por mejores prácticas administrativas en todos los ministerios e instituciones, por el apego irrestricto a la honestidad y la transparencia, por la concreción de logros tangibles, por el liderazgo lúcido y directo, por una comunicación constante con los ciudadanos y por un esfuerzo persuasivo en todos los ámbitos. El Ejecutivo ha dado muestras de entender y ser capaz de asumir estos retos y posibilidades. Esperamos que en el año que comienza siga por esa ruta y que logre movilizar los apoyos necesarios para avanzar con claridad y buen rumbo.
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