 Pescadores rescatados
(AFP)
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SAN JOSE (AFP) -
Medio vaso de agua diario, raciones limitadas de arroz y frijoles, peces y tortugas integraron la dieta que permitió a cinco pescadores costarricenses sobrevivir durante cuarenta y siete días en su pequeña embarcación perdida en el Pacífico.
La odisea empezó el 16 de noviembre, cuando zarparon de una playa al norte del país a bordo del "Piscis III", y concluyó el martes al arribar al puerto de Golfito, 341 km al suroeste de San José, en una lancha patrullera que los regresó a tierra.
Deshidratados, quemados por el sol y enflaquecidos por los ayunos, los náufragos se abrazaron en cuanto descendieron a tierra y agradecieron a Dios, con lágrimas en los ojos, por el "milagro" de estar vivos y de haber regresado en buenas condiciones de salud.
La fe religiosa y el deseo de volver a encontrarse con sus familiares -aseguran- fue lo que les dio fuerza para luchar.
Sin embargo, el capitán Gregorio Collado (42 años) confiesa que en ocasiones lloró de desesperación y tristeza a escondidas de su tripulación, cuatro jóvenes de entre 15 y 18 años que demostraron una enorme entereza para enfrentar la adversidad.
Desde el primer día de faena, el barco sufrió un desperfecto mecánico y, aunque la Policía Naval recibió la señal de alerta, la comunicación por radio se perdió y las búsquedas resultaron infructuosas.
Durante los días que estuvieron a la deriva, los pescadores se organizaron para recolectar agua de lluvia y capturar pescado y tortugas cuya carne, sumada a una pequeña cantidad de arroz y frijoles que llevaban, les permitió sobrevivir los 47 días que estuvieron a la deriva.
Cuando dejó de llover, el agua empezó a escasear y todos se sometieron a una ración mínima de medio vaso al día, relata Collado.
"Hubo momentos en los que pensé en quitarme la vida y por eso andaba siempre con un mecate (cuerda). No quería morir ahogado", relató a la prensa local Dairy Taylor, de 18 años, vecino de Playas del Coco, unos 270 km al noroeste de San José.
"No paraba de llorar. Cuando el capitán nos informó que estábamos a la deriva me sentí muy mal y lloré mucho, pasamos momentos horribles", dijo Kevin Avilés, de apenas 15 años, que desde hace varios meses trabaja en la pesca artesanal para ayudar a su familia.
En varias ocasiones, los náufragos observaron aviones o barcos a la distancia y con tablas de la propia embarcación prendieron fogatas para llamar la atención de las naves. En vano.
El 31 de diciembre, un mercante de bandera polaca que se dirigía al Canal de Panamá pasó cerca del "Piscis III" y los pescadores echaron mano al último recurso de que disponían para llamar la atención: unas bolsas plásticas blancas que agitaron a modo de banderas.
El rescate se produjo a unas 100 millas al oeste de las costas de El Salvador, tras lo cual los pescadores fueron trasladados al puerto de Golfito por una lancha del servicio de guardacostas costarricense.
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