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Mamá de siamesas se queja de abandono Cirujanos estadounidenses que las analizaron no se han pronunciadoMadre afirma que Hospital de Niños tampoco ha seguido su evolución Ángela Ávalos R. aavalos@nacion.com María Elizabeth Arias, mamá de las siamesas Yurelia y Fiorella Rocha Arias, se quejó porque los médicos no se han vuelto a interesar en la salud de sus pequeñas. A la fecha, los Rocha no han recibido información de los especialistas estadounidenses que ofrecieron estudiar la posibilidad de una cirugía de separación.
Esta familia recibió una oferta de ayuda de la Fundación Mending Kids International, la cual colaboró en la exitosa separación de unas siamesas guatemaltecas. Tal entidad llevó a las menores al hospital Cedars-Sinaí, de Los Ángeles, Estados Unidos. Allí permanecieron tres meses mientras les efectuaban estudios médicos. Según aseguró Arias, tampoco en el Hospital Nacional de Niños se han interesado en seguir la evolución de las niñas, quienes ya cumplieron un año y cuatro meses de nacidas. Las bebés llegaron al mundo el 30 de agosto del 2005. Venían unidas por el tórax y comparten el hígado y una válvula del corazón. Cirujanos del Hospital Nacional de Niños confirmaron en octubre pasado que la separación implicaría un riesgo elevado para una de las menores, cuya condición coronaria es muy delicada. Necesidades. Según María Elizabeth Arias, tras los primeros meses en que todo el mundo fijó la atención en las niñas, ahora la familia enfrenta múltiples necesidades para velar por sus necesidades. En estos días, Yurelia y Fiorella se están recuperando de un resfriado que las afectó fuertemente. Las niñas no pueden caminar porque su condición se lo impide, pero sí han aumentado de peso y tamaño y ya balbucean algunas palabras. Su mamá contó que el salario de su esposo, José Rocha, no da abasto para solventar las necesidades de los 11 miembros de la familia. Rocha trabaja como guardia en una empresa tibaseña y gana ¢100.000 mensuales. Solo las niñas gastan un promedio semanal de 150 pañales, y cada tres días, consumen una lata de leche de fórmula que cuesta ¢10.000. “Yo estoy tratando de buscar un trabajo (como empleada doméstica) por horas, aprovechando que mis hijos están de vacaciones y me las pueden cuidar”, dijo María Elizabeth. Afirmó que está a la espera de que el Hospital de Niños le programe una nueva cita con el cardiólogo y con el cirujano para el mes de enero. “Necesitamos que nos digan algo. Lo que sea. Mis hijas están bien por la mano de Dios, pero nosotros queremos que nos definan, de una vez por todas, su situación para saber a qué podemos atenernos”, manifestó Arias.
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