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Buen gobierno

La democracia auténtica privilegia la construcción de los consensos por sobre el uso de la fuerza

Claudio Alpízar Otoya
calpizaro@hotmail.com
Politólogo

Podríamos sintetizar que un buen gobierno es aquel que cumple con cuatro requisitos básicos: uno, eficacia, eficiencia y responsabilidad en las funciones que legalmente le son atribuidas; dos, transparencia en el manejo de la hacienda pública; tres, atención incluyente de las demandas ciudadanas; cuatro, aceptar y alentar la participación ciudadana institucionalizada en el proceso de formalización de sus de-mandas.

En el primero de los requisitos, es determinante el liderazgo que ejerza el Presidente de la República, será fundamental el estudio profundo de la situación nacional, plasmado en un programa de gobierno, que será consecuente con un Plan Nacional de Desarrollo previamente definido y a largo plazo, respetado por todos los partidos políticos. Importante será la selección que realice de sus colaboradores más cercanos, que deberán estar comprometidos en su totalidad con los objetivos enunciados y la capacidad para llevarlos a cabo. Un gobierno eficiente será aquel que realice la mayor cantidad de obras con los menores costos económicos, y eficaz si satisface las demandas sociales.

Para cumplir con el requisito de transparencia debe tener organismos de control que le aseguren la honradez gestionaria, donde deberá disponer de canales apropiados para recibir demandas, que no sea una acción recepcionista o una intrascendente oficina de quejas, sino un despacho de evaluación y acción, lo cual nos involucra en el tercer requisito.

En lo que respecta al cuarto requisito, se exige que la participación ciudadana sea óptima y oportuna, en aras de la gobernabilidad. La ciudadanía deberá participar en la definición y ejecución de políticas públicas, que deberán ser incluyentes y equitativas.

Comunicación. Parece tarea sencilla, pero a casi todos los gobiernos se les complica, creo que principalmente porque confunden información con comunicación, el primer paso erróneo que se da para caer en la “famosa” ingobernabilidad. Se toman decisiones en el ámbito de tecnócratas, sin consenso, y se procede a informar a la ciudadanía, cuando el proceso es a la inversa: primero se comparte, se involucra y se participa a los ciudadanos en las decisiones, y luego se ejecuta. Esto es comunicación.

En las discusiones de gobernabilidad se pretende ocultar los intentos por controlar los movimientos populares y sus demandas, que, ayunos de comunicación con el gobierno, buscan un espacio que se considere legítimo por la ciudadanía, que les permita el libre ejercicio de sus derechos. Urge una democracia más deliberativa, con interrelaciones más reflexivas que permitan una mayor participación ciudadana, que logre puntos de intersección entre los diversos intereses individuales en busca del colectivo, que el mayor bien de un país sea aquello que lo unifica.

La democracia, como tal, debe reconocer la existencia y la legitimidad de los otros, respetándolos. Se ha fortalecido con el tiempo porque ha privilegiado la construcción de consensos sobre la utilización de la fuerza; no es un monólogo, es una “arena” donde las diver-gencias se respetan, pero a la vez es terreno propicio para construir convergencias. Un buen gobierno procura lo mejor para los ciudadanos argumentando para convencer, enseñando a vivir entre diferencias y diversidad, pero combatiendo las desigualdades. Un buen gobierno entiende que tiene opositores, mas no enemigos, que destruir al que le adversa solamente lleva a lo antidemocrático.

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