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¿Enfermedad holandesa? La flotación del colón debería ser una respuesta a la mayor inversión foráneaEnnio Rodríguez Economista El concepto “enfermedad holandesa” se originó en aquel país europeo después del descubrimiento de gas en el Mar del Norte, lo que elevó el valor de la moneda, con una pérdida de competitividad de sus exportaciones e, incluso, un resultante proceso de desindustrialización. La noción se asocia, por lo tanto, con el descubrimiento de un recurso natural y su impacto sobre el tipo de cambio y la producción interna. Costa Rica podría estar mostrando síntomas de la “enfermedad holandesa”. El recurso natural descubierto son los bienes inmobiliarios, principalmente en dos cantones, Santa Cruz y Garabito, pero crecientemente en varios más. Solo en Guanacaste (El Financiero, 27/11/06) reporta inversiones por $2.150 millones en tan solo cinco años. Si prosigue esa tendencia de las inversiones, particularmente foráneas –y, de acuerdo con especialistas, esta apenas comienza–, el equilibrio del tipo de cambio deberá reconocer la apreciación de nuestros recursos naturales. El Banco Central (BCCR) no debería intentar detener sus efectos pues, en sus intentos, provocaría distorsiones con im-pactos redistributivos no deseados. La política monetaria no puede incidir indefinidamente contra el valor de la moneda que dictarían las fuerzas del mercado, las cuales incluyen tanto la balanza comercial como los movimientos de capital. Por lo tanto, de confirmarse que estamos ante una afluencia de inversión externa significativa y relativamente estable, la transición hacia una flotación del colón debería iniciarse cuanto antes. Ceros menos. Cuando una situación es inevitable, lo aconsejable es vivir con ella. En este caso es una situación que también abre posibilidades. Lejos de concentrarse en manipular el tipo de cambio, las políticas económicas se deberían dedicar, sin dilación, a lograr que la inflación y las tasas de interés se aproximen a estándares internacionales, lo cual incluye, de manera central, la eliminación de las pérdidas del BCCR. Para ello incluso podría pensarse en un aumento del impuesto de ventas transitorio destinado únicamente al financiamiento de dichas pérdidas. Esta decisión se podría acompañar de una modificación de la política monetaria hacia metas de inflación ( inflation targetting). También se podría aprovechar el momento para eliminar dos ceros del valor del colón, de manera que el tipo de cambio oscile en torno a los cinco colones por dólar. El objetivo sería crear una sensación de nueva estabilidad macroeconómica con símbolos importantes como el valor del colón. La otra cara de la moneda es la pérdida de competitividad que podría sufrir el sector productivo, tanto el exportador como el que produce para el mercado interior, incluidos los servicios, como resultado de una posible enfermedad holandesa, por cuanto las importaciones se abaratarían mientras las exportaciones se encarecerían. De confirmarse este escenario, desde el punto de vista de la producción interna, sería urgente acelerar la reforma monetaria. Tasas de inflación superiores a las internacionales agravarían la pérdida de competitividad y podrían fomentar el ingreso de capital financiero (mediante mayores tasas de interés), lo cual pondría presiones adicionales sobre el tipo de cambio. Por lo tanto, el atraso en la reforma tendría costos mayores sobre el sector productivo. Pero la reforma monetaria también se debería acompañar de un fuerte programa de aumento de la competitividad por la vía de las inversiones en gran escala en infraestructura, la simplificación de trámites de verdad, la apertura de monopolios y un sistema nacional de capacitación y reentrenamiento de la fuerza laboral, entre otros. Las empresas deberán realizar lo propio para incrementar su productividad. Se trata de diagnosticar bien la enfermedad económica para atenderla en todas sus aristas, prevenir en lo posible sus efectos indeseados, pero también beneficiarse de las posibilidades que podría brindar.
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