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Tenis Para jugar tenis recorría cinco kilómetros burlando a la guerrilla José Luis Rodríguez jorodriguez@nacion.com Sentarse a observar los juegos de la Copa del Café no fue nada fácil para Patrick Olobo, un ugandés de 22 años de edad. Tuvo que atravesar selvas a “pata pelada” para cumplir su objetivo de salir de una aldea donde el deporte blanco no parecía ser una opción. La historia de Olobo se inicia en Jinja, aldea ubicada a tres horas y 30 minutos de la capital Kampala y que está considerada como la cuarta más grande de ese país africano.
Aunque comenzó con el futbol, pronto Olobo se percató de que los aspirantes eran muchos y que era mejor buscar otra disciplina. “Me di cuenta de que en Jinja había un lugar dónde practicar tenis y entonces comencé a ir. Me gustó porque es un deporte donde la gente te reconoce y te aprecia de forma individual, ya que es solo uno el que juega”, afirmó Olobo. Para Patrick correr todos los días en busca de las canchas no era el mayor obstáculo, sino conseguir pelotas y raquetas. “Por zapatos no me preocupé, yo jugaba descalzo, pero era difícil tener lo demás. Eran canchas de arcilla, así que por los pies no había problema”, explicó con una sonrisa que destacaba en su tez de ébano. Mas, bordear el zoológico no era del todo seguro, ya que entre la selva siempre estaba el peligro de la guerrilla. Fueron los guerrilleros quienes mataron a uno de los hermanos de Patrick. Querían intimidar al padre de Olobo, quien era policía. De acuerdo con Matías Polansky, argentino que entrena a Olobo, el tenista le contó que un día su madre iba por la aldea cuando de pronto le dispararon. Instintivamente ella se agachó, pero con tan mala suerte que la bala le dio en la cabeza a uno de sus hijos, quien iba en sus hombros. “Eramos cuatro hombres y tres mujeres, pero ahora somos tres y tres. Me dolió mucho porque era el que me seguía”, indicó Olobo. Al Abierto. Gracias al ansia de querer ser alguien, el ugandés llegó a integrar la Selección su país y fue trasladado a Kampala. “No tenía problemas de raquetas, pelotas o zapatos, todo me lo daban”. Jugó la pasada Copa Davis y ello le valió para que se lo llevaran becado a California, Estados Unidos. Ahí está bajo la tutela de Polansky y juega para el equipo de la Secundaria del Desierto, que está un escalón abajo de la universidad. “Con ellos gané el campeonato nacional de la división y en julio me pasaré a la Universidad de Concorde, también en California”. Acerca de su familia, que se quedó en Uganda, Olobo expresó que su padre ya se retiró y que a su madre le fue mal en su negocio. “Allá no hay pensiones para los retirados así que no hay quien lleve dinero a la casa; yo trabajo en las vacaciones de la secundaria para mandarles plata”. La vida cambió para Olobo: de correr descalzo para practicar, hoy puede jactarse de haber visto la semifinal del pasado Abierto de Estados Unidos entre Róger Federer y Lleyton Hewitt. “Es un chico con el espíritu gigante y con unas virtudes atléticas impresionantes, hay que pulirle un poco en la técnica. Él fue un autodidacta en su país, así que ahora hay que enseñarle ciertas cosas”, comentó Polansky, quien explicó que trajo a Olobo para que practique con algunos participantes de la Copa del Café. Pronto volverán a California. Ahí espera conseguir la meta de todo tenista ambicioso: entrar al circuito profesional.
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