Costa Rica, Lunes 17 de diciembre de 2007

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Ladrones se llevan el carro y la tranquilidad de las víctimas

Otto Vargas M. | ovargas@nacion.com

Jorge Rojas, director del OIJ, considera como un mal síntoma que en casi la mitad de los robos de vehículos los hampones acuden al “bajonazo (uso de violencia)”.

“Eso deja en las víctimas graves secuelas e incluso para algunos choferes ha significado la muerte”, comentó.

Esteban, director de proyectos de una compañía en Heredia al cual se le protege su identidad, vivió en carne propia el temor de verse rehén de unos malhechores.

A finales de setiembre, mientras regresaba a su casa, unos ladrones de carros lo interceptaron en el centro de esa provincia.

“Vi detrás mío un carro con luces y sirena de policía. Me hice a un lado para dejarlo pasar, pero en eso el vehículo se me atravesó.

“En ese momento me di cuenta que sería víctima de un asalto. El carro era particular. Traté de escapar, pero los sujetos –todos encapuchados– dispararon dos veces; no sé en qué dirección.

“Uno de ellos me abrió la puerta y me bajó con brusquedad. Me lanzaron al piso para registrarme y me montaron en el asiento trasero de mi carro”, dijo.

A merced de los hampones estuvo más de 30 minutos. “Iba sumamente asustado. Les supliqué que no me hicieran nada.

“Preguntaban por el sistema de localización satelital y me advirtieron que si los traicionaba me pegarían un ‘plomazo’ (una bala)”.

Drama. Cuando el vehículo tomó una calle en mal estado –Esteban lo supo por el sonido de las llantas sobre la calle de grava–, la víctima creyó que la vida se le terminaba. Solo deseaba que aquel grupo de desconocidos se llevara su Nissan Frontier y que le dejaran vivir.

“Me empujaron para que saliera del carro. Uno de ellos me dijo que corriera. Yo sentía la bala en la nuca. Acaté a correr en zigzag hasta la entrada de un cafetal.

“Corrí entre los callejones hasta que escuché mi carro alejarse. Solo entonces salí en busca de ayuda. Me dejaron en un lugar oscuro de San Antonio de Belén”.

Esteban está seguro de que el incidente lo marcará de por vida. Lo mismo ocurre con Roberto, un agente vendedor –vecino de Tibás– a quien una banda robó un vehículo modificado.

“Era un carro con un motor más grande; aros de lujo y computadora. Sé que a mí no me siguieron; a mí me esperaron en un semáforo cuando me dirigía a La Trinidad de Moravia”.

De un vehículo azul descendieron tres sujetos que llevaban pasamontañas y guantes. En el suelo lo golpearon hasta abrirle una herida en la cabeza.

“Dispararon contra una pared. Desde entonces uno vive una especie de psicosis; tengo el sentimiento de que me siguen.

“Esto me quedará para toda la vida. Ahora soy más precavido; cambio de rutas y siempre permanezco alerta”, puntualizó.

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