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Hugo Francisco Sánchez C. | hugosanchezc@yahoo.com |
Cosificación e intolerancia
La humanidad ha cometido hechos llenos de dolor y vergüenza
Abogado Penalista
La cosificación del “enemigo”, del “no igual”, ha llevado históricamente a la humanidad a hechos llenos de dolor y vergüenza: en la antigua Roma se les llamaba “cristianos”, así era aceptable y ameno asesinarlos en la arena pública. Si bien humanos, eran “cristianos”, facilitando el olvido popular de su dignidad y sufrimiento. Más tarde, en la Alemania nazi se cosificó a quienes esa sociedad consideró sus enemigos, esta vez los “judíos”, provocando el olvido de su condición humana, de iguales, dignos, sujetos de Derecho, así resultaba popular y posible su genocidio, eran enemigos.
En Costa Rica hablamos de “delincuentes”. Olvidamos que, como sociedad, hemos cerrado espacios para el desarrollo formal a un gran número de personas, excluidas social y económicamente, viendo los niveles de desigualdad indicados en el informeEstado de la nación , hay condenados a la miseria. ¿Esperaremos que este 20% de la población se resigne a vivir del trabajo informal, ocasional, explotado, sin esperanza de movilidad social cuando el culto es al dios “éxito”?. Cuando en la publicidad vemos un hombre que prefiere recibir un chorro de orina para salvar a su carro de dicha suerte, donde el que no tiene, simplemente no es, provoca tristeza y rechinar de dientes.
¿El cuento del “pobrecito”? Al margen de quienes creen en el determinismo psicológico, existe una porción de nuestro ser que toma decisiones, de las que enfrentaremos su responsabilidad intrínseca. No obstante, tampoco debemos dormir tranquilos obviando nuestra responsabilidad por la sociedad que “construimos” diariamente.
Animadversión + conocimiento > tolerancia. Recordando la novela de Mary Shelley, entre muchas otras, se representa una amenaza monstruosa, el engendro del doctor Frankenstein al final pudo ser comprendido una vez conocidas sus pulsiones. Vimos la vida a través de sus ojos. No olvidemos que el monstruo lleva en sí partes de nosotros mismos; o que Los motivos del lobo, del maestro Darío, es válido para este y otros tiempos.
¿Represión? Con la involución democrática se enciende precisamente la más brutal de las alarmas, el retorno al oscurantismo, a lo salvaje, a la intolerancia, al escarnio público, al desfile del indeseable por las calles para que el pueblo lance basura y piedras antes de su ejecución (hoy solo se les exhibe en las noticias).
Si con represión se acabara este problema, donde hay penas perpetuas o de muerte ya no habría delincuencia: “cuando un pueblo está dispuesto a sacrificar sus derechos para obtener seguridad, no merece ni derechos ni seguridad” (Benjamín Franklin). La historia nos enseña que la represión nunca dará seguridad.
Bastante represión. ¿Qué motiva entonces a delinquir, a pesar del castigo? Cuando el ser humano no tiene nada que perder, lo arriesga todo por muy poco o por nada. ¿Será que no valora la libertad quien reincide?; digo: cuando salen de prisión ¿quién les da un trabajo digno a estas personas para retomar su autoestima, su valor de humano, un papel en su hogar? (casi todas las empresas piden hoja de delincuencia para sus candidatos y en documentales vemos la realidad de la exclusión que sufren estos hermanos hombres). El problema no es falta de represión, de esa hay bastante, y más policía dará a muchos solo la percepción de mayor seguridad. Se necesita oportunidades, educación, igualdad.
Tenemos el deber de no abandonar a los más débiles de nuestra sociedad, y no taparlos con una cobija y pretender que esa Costa Rica no existe. Al igual que usted, siento la frustración por la inseguridad, me robaron un auto; pero despotricando como si la delincuencia fuera a desaparecer a punta de macanazos, no avanzaremos.
Cuando de verdad nos propongamos mejorar la calidad de vida de la mayoría, desarrollo humano para la clase más necesitada, ellos, al valorar la libertad concreta de tener una vida de calidad, podrán comprender su propio valor y el de los demás.
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