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EDITORIAL |
Recuperación del banano
La industria bananera, pese a la campaña de desprestigio de algunos dirigentes sindicales en Europa, ha contribuido eficazmente al desarrollo del país
Nuestros negociadores deben luchar frente a la discriminación de la Unión Europea, a fin de consolidar sus beneficios laborales y económicos
La industria bananera costarricense ha comprobado, una vez más, su capacidad para contribuir eficazmente al desarrollo económico y social de nuestro país. El repunte observado recientemente en la producción y comercialización de la fruta, la diversificación de mercados, el número de productores independientes y los altos niveles de productividad logrados a través de su historia, así lo demuestran. Pero aún enfrenta retos importantes en los planos nacional e internacional.
De acuerdo con estimaciones de la Corporación Bananera Nacional (Corbana), publicadas en nuestra edición del pasado 11 de diciembre, en los dos últimos años Costa Rica logró un fuerte repunte en el ingreso de divisas proveniente de las exportaciones de banano, pues pasó de $485 millones en el 2005 a $650 a mediados de este año. El repunte se dio gracias a una combinación de factores: incremento del área sembrada y de la producción, mejoras en la productividad y aumentos en los precios de exportación. La producción pasó de 88,6 millones de cajas de 18,14 kilos en 2005 a 112 millones estimadas para este año; los precios han venido mejorando gradualmente desde el año 2001, cuando cerraron a $5,14, pero este año se cotizaron en $5,85 por caja; y la productividad, medida por el rendimiento por hectárea, alcanzó uno de los niveles más altos, pues pasó de 2.156 a 2.626 cajas por hectárea al año. La industria bananera costarricense, justo es reconocer, tiene una de las productividades más altas del mundo.
Contrariamente a lo que algunas personas sugieren, la industria bananera costarricense también contribuye significativamente al desarrollo económico y social. En la actualidad, aporta más de un 7% de las exportaciones totales (unos $650 millones), dividida en los mercados estadounidense, europeo y los denominados mercados nuevos. Eso le ha permitido diversificar el riesgo por recesión y demás que enfrenta un solo mercado. Genera 40.000 empleos directos y otras 100.000 fuentes indirectas de trabajo (servicios de agroquímicos, plaguicidas, labores portuarias, servicios profesionales y comerciales), lo que representa una cifra cercana al 9% de la fuerza laboral. Pero, además, la producción no se concentra en unas pocas empresas extranjeras, como en el pasado, sino que más de la mitad se distribuye en empresarios nacionales con fincas independientes (52%), que canalizan su producción al exterior a través de firmas comercializadoras. Y es ahí donde se ubican algunos retos en el plano nacional.
Estando la exportación en manos de extranjeros, y habiendo un número importante de productores nacionales con poca capacidad de influir en el precio de mercado de la fruta (son tomadores de precios), el Estado debe intervenir regulando los valores de salida por caja que las exportadores adquieren del productor nacional. Ese precio debe ser conmensurable con el prevaleciente en los mercados internacionales, para que la distribución sea equitativa.
La reciente solicitud de los productores independientes para que se ajuste en $0,65 por caja parece razonable, habida cuenta de los ajustes a la baja en el tipo de cambio y la relativamente elevada inflación interna, que han afectado las utilidades. También es importante tener en consideración que, en un mundo tan competitivo, el margen para imponer cargas a productores y exportadores es limitado.
Hace algunos años, las convenciones colectivas impusieron cargas demasiado onerosas a las compañías ubicadas en el sur del país, lo que vino a provocar el cierre y abandono de las fincas productoras, con efectos negativos en empleo, salarios y recaudación fiscal.
En el plano internacional, los retos también son importantes. La industria bananera costarricense ha sido discriminada, junto con la de otros países latinoamericanos, por el establecimiento de impuestos a la importación, cuotas y otras barreras no arancelarias en la Unión Europea, para favorecer a sus excolonias. Algunas de esas batallas se ganaron en el seno de la Organización Mundial del comercio (OMC) y, en la actualidad, las cuotas se han sustituido por gravámenes. Pero estos aún son muy altos para la entrada de nuestra producción en Europa.
Esta situación desventajosa deberá ser tomada en consideración y combatida vehementemente por nuestros negociadores en el convenio comercial que está en proceso de negociación frente a la Unión Europea, para consolidar y mejorar el aporte de la industria bananera al desarrollo socioeconómico del país.
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