Costa Rica, Domingo 16 de diciembre de 2007

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Familias sobreviven sin electricidad, alcantarillado y con mucho frío

Puentes son ‘vivienda’ de ancianos y mujeres solas

 MOPT y Vivienda desconocen cuántas familias viven bajo pasos elevados

 Gobierno carece de plan para reubicar a personas en estas condiciones

Vanessa Loaiza N. | vloaiza@nacion.com

Apenas dos tablones podridos separan a la gente del abismo, de las piedras y del maloliente cauce del río Virilla. Arriba, el enorme puente de concreto sirve de techo y de hogar para Manuel Adán Mercado.

Este viernes en la mañana, cientos de vehículos y furgones pasaban sobre este paso elevado en el límite entre Santo Domingo y Tibás, ajenos a la lucha por sobrevivir que enfrentan los hombres de abajo.

A las 8:30 a. m., Manuel Mercado desayunaba una sopa añeja de verduras y un poco de arroz y frijoles en un plato plástico.

La mole de concreto es fría y el cañón del río arrastra los helados aires de diciembre. La única forma de calentarse es mantenerse pegado al fogón con latas de cinc.

Tampoco tienen alcantarillado sanitario, tan solo una letrina y un rancho para bañarse.

Treinta minutos después, Mercado se lavó los dientes con el agua que tenía recogida en un balde y se alistó para ir a cuidar carros en un almacén, en Tibás.

Los ¢3.000 diarios que gana este nicaragüense de 53 años no le alcanzan para pagar un cuarto y costear su comida. Para él, el puente es su única salida.

Compañeros de penurias. Como vecinos tiene a tres amigos, uno de ellos desempleado por la edad y por sus problemas de la vista y otros dos dedicados a camaronear en albañilería y construcción.

El mayor de los cuatro, Pablo Quirós Prado, de 66 años, fue operado de la vista y tiene pines en las piernas luego de que se cayó desde los linderos de su rancho hasta las toscas piedras del río.

La realidad de estos hombres solos es la misma que viven decenas de familias que encuentran en los puentes la única alternativa para rendir el escaso dinero que recaudan.

Sin embargo, ni el Ministerio de Obras Públicas y Transportes ni el despacho de Vivienda tienen un recuento de cuántas personas sobreviven en esta condición.

El ministro de Vivienda, Fernando Zumbado, reconoció que no existe un plan para rescatarlos de las calles y darles una casa digna. “Actuamos cuando encontramos casos especiales: adultos mayores o mujeres jefas de hogar”, dijo.

Reubicadas por obligación. Como muestra de este abandono institucional están los casos de dos familias más en la carretera Próspero Fernández, que lleva a Santa Ana.

Bajo el puente cercano al cruce de Pozos, en ese cantón josefino, vive Ana Isabel Cascante, de 61 años, su esposo, Joaquín García, de 77 años, un hijo y un nieto.

En febrero del 2008, esta pareja de adultos mayores cumplirá 20 años bajo el estruendo de los carros y en medio de ratas y culebras.

“Mi esposo tiene una pensión de ¢50.000, pero pagamos ¢22.000 del medidor colectivo. Con lo que queda no alcanza para nada más”, comentó esta señora rodeada por su docena de gallinas, dos periquitos de amor, la lora y sus dos perros, que son a la vez, guardianes.

Como ellos, Virginia Picado Chinchilla, cumplirá 23 años cubierta por el paso elevado que está a un costado de Forum, Santa Ana.

Esta mamá soltera, de 54 años, vive con la menor de sus 11 hijos y se costea la comida vendiendo ropa interior, medias de hombre y prensas de cabello caminando de puerta en puerta.

“No me da vergüenza decirlo, yo voy a la Coca Cola (el mercado) a que me regalen verduras y huesos, las verduras para nosotras y los huesos para los perritos, los amigos más fieles que tengo”, dijo arrecostada al viejo horcón de madera que sostiene las paredes de cinc.

Tras dos décadas bajo el concreto, existe la posibilidad de que sean reubicadas en un proyecto de interés social en Carit de Puriscal.

El milagro no llegará por un programa específico de Gobierno, sino porque estas familias obstruyen los planes de ampliación de la nueva carretera a Caldera.

“Antes de que acabe el año los tenemos que sacar de ahí”, declaró el ministro Zumbado.

¿Ven a mi casa esta Navidad?

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Un sentimiento diferente: En los ranchos de las dos familias de Santa Ana y en los cuartitos de cinc debajo del puente en Santo Domingo también hay espacio para la Navidad. Quizá no es una Navidad de regalos, pero sí hay algunos adornos, imágenes de santos y un profundo agradecimiento a Dios porque tienen un lugar donde dormir.

Con un altar: A la entrada de los cuatro ranchos de Manuel Mercado, José Ángel Gómez, y Claudio y Pablo Quirós, en Santo Domingo, Heredia, hay unas viejas campanitas plásticas pegadas a la pared. Un foto del papa Juan Pablo Segundo, una botella con la imagen de la Virgen de Los Ángeles y una estampa de la Sagrada Familia.

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Ellos vivirán su Navidad en la iglesia de Santo Domingo.

“Ese día vamos a una misa y después nos invitaron a una comidita”, dijo ilusionado José Ángel Gómez, quien se gana la vida con trabajos de construcción.

El espíritu se lleva por dentro: Mientras tanto, en la casa de Ana Isabel Cascante Sandí, en Santa Ana, solo hay una vieja corona de ciprés plástico con cintas pegada en la puerta.

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“Aquí la Navidad se vive por dentro, es recordar que Cristo vive en mi corazón. No importa donde esté, aquí o en cualquier parte, Dios nos da aire fresco en la mañana, nos da sol, yo me siento bendecida por Dios”, agregó la señora.

Una época comercial: Virginia Picado no tiene adornos en las dos piezas de su rancho, solo dos camastros, dos colchones, la mesa donde se apila la ropa arrugada, una canfinera para alumbrarse en las noches y una lavadora que no sirve.

“La Navidad para mí es un día como cualquier día. La Navidad es como un comercio, nadie me viene a ayudar”, dijo Virginia Picado mientras se restregaba los ojos.

FOTOS

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Manuel Mercado deja su rancho, en Santo Domingo, para ir a cuidar carros en Tibás. Una lata de cinc con candado resguarda su casa. Jorge Castillo

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Virginia Picado lleva 23 años bajo el puente de Forum, en Santa Ana. Vende medias y prensas de puerta en puerta para poder comer. Jorge Castillo

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“Que vea el Presidente (Arias) cómo vive uno, aquí solo para las votaciones se aparecen”, dijo Ana Isabel Cascante, en Santa Ana. Jorge Castillo

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En la mañana del viernes, Manuel Mercado desayunó la sopa de verduras que cocinó el día anterior con un poco de arroz y frijoles. Jorge Castillo

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