Costa Rica, Domingo 16 de diciembre de 2007

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Claudio Bogantes Zamora

El Fondo del Petróleo noruego

 Noruega ha sabido combinar la explotación con el cuidado auténtico del medio ambiente

Embajador de Costa Rica en Noruega

Mucho parece indicar que la problemática de la explotación de una eventual reserva petrolera en Costa Rica pronto volverá a ser tema de debate. En este contexto quisiera llamar la atención sobre la manera en que Noruega ha manejado la explotación petrolera en su territorio marítimo desde hace ya más de medio siglo. El actual poderío económico de Noruega proviene en gran medida de sus yacimientos de petróleo y gas que se encuentran en el mar del Norte. El manejo de esta inmensa riqueza es, a nivel mundial, ejemplar.

Partiendo de la idea de que esa riqueza es propiedad de todos los noruegos, no solo de los cuatro millones y medio que hoy habitan el país, sino también de las futuras generaciones que lo habitarán mientras el mundo siga siendo mundo, se estableció el Fondo del Petróleo, poco después de que se iniciara la explotación petrolera, en los años 60 del siglo pasado, cuando el precio del barril rondaba los 10 dólares. Nunca se imaginaron los responsables políticos la inmensa fortuna que, en menos de seis décadas, se acumularía en ese Fondo. Actualmente, más de 200 billones de dólares: doscientos millones de millones, o sea, un 2 seguido de catorce ceros.

Organización y manejo. La intención de los políticos que crearon el Fondo del Petróleo fue preservar la economía y la sociedad noruega de los efectos negativos que la riqueza petrolera podría traer consigo. Les pareció importante que la agricultura, la industria, la educación, los servicios y todos los demás sectores de la economía siguieran su cauce normal de desarrollo. Para ello, los ingresos del petróleo no debían ser parte del presupuesto del Estado. Por eso el Fondo invierte la mayor parte de los ingresos de las actividades petroleras en el extranjero.

Así cada año, el Parlamento, máxima autoridad política del Reino, pasa la totalidad de las entradas al Ministerio de Hacienda que es la entidad que ejerce todos los derechos y obligaciones de “propietario”. El Fondo está dividido en una sección “Extranjero”, que dispone del 60% de los ingresos, y una sección “Noruega”, que se encarga del otro 40%. La primera invierte en acciones y obligaciones en el extranjero: Estados Unidos y Canadá, Australia, Japón y el resto de Asia y ciertos países de América Latina. La segunda invierte en Noruega y Escandinavia. La administración del Fondo es llevada por el Norges Bank, el banco central de Noruega. Para evitar toda mala praxis, se practica la absoluta transparencia. Todo ciudadano tiene acceso, vía Internet, a toda la información. Además se ha creado un Comité de Ética, independiente, que vela por que las inversiones se ajusten a principios establecidos por ley. El Fondo, que tiene inversiones en unas 7000 empresas desperdigadas por todo el mundo, ha retirado, por decisión del Comité de Ética, sus inversiones de una veintena de empresas.

El marco legal establece que el Gobierno sólo tiene derecho a disponer, anualmente, de un máximo del 4% de los réditos que deja ese inmenso capital para financiar un eventual déficit fiscal. Hasta ahora nunca se ha llegado a ese límite. Es decir, los ingresos normales del Gobierno por concepto de impuestos, aranceles, etc. han sido suficientes. La intención de que la riqueza petrolera no entorpeciera el desarrollo y funcionamiento de la economía y de la sociedad ha funcionado.

¿Son ricos los noruegos? La publicación de bolsillo de The Economist Pocket World in Figures, 2008 Edition coloca a Noruega en tercer lugar, después de los paraísos fiscales, Luxemburgo y Bermudas, con 64.240 dólares per cápita. No deja de llamar la atención que otros grandes países productores de petróleo, como México y Venezuela, para solo mencionar dos países de nuestra región, arrojan un PIB per cápita de US$ 7.180 y US$5.250, respectivamente. Costa Rica tiene un PIB per cápita de US$10.180, según el mismo librito.

¿Son felices los noruegos? A esta pregunta es infinitamente más difícil responder. cuando no imposible. Pues la felicidad es un aspecto de la vida humana de otra naturaleza que se resiste a la cuantificación. El dinero no hace la felicidad, aunque seguramente puede contribuir bastante a ella. El PIB per cápita es un indicador burdo, pues no dice nada de la distribución de la riqueza. Por otra parte, es un hecho conocido que las sociedades escandinavas se encuentran entre las más igualitarias del mundo. Ante la problemática de la cuantificación, en 1990 el PNUD creó el concepto de “índice de desarrollo humano”, el cual combina el PIB per cápita, el grado de alfabetización y la esperanza de vida, para tratar de medir la categoría “calidad de vida”.

Noruega aparece como país número 1 en cuanto al IDH, con un índice del 96.5. Costa Rica aparece como número 47, con el índice 84.1, sólo precedida, en América Latina, por Chile (85.9) y Uruguay (85.1). Este ranquin opera con tres niveles: el primero va de 80 a 100 puntos; el segundo de 50 a 79; el último comprende a los países que están por debajo de los 50 puntos. En cuanto a América Latina, en el primer nivel solo aparecen los tres países mencionados. Aunque estas cifras seguramente no crean, así de pronto, la felicidad de ningún costarricense con dificultades, no dejan, sin embargo, de alegrar. Mas lo que verdaderamente alegra es que el porcentaje de compatriotas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza ha bajado este año. Vamos, pues, en la buena dirección.

Respuesta de Costa Rica. ¿Debemos explorar, y eventualmente, explotar nuestra riqueza petrolera? A esta pregunta en Costa Rica se respondió negativamente en un pasado reciente. Actualmente pareciera que va a ser de nuevo puesta sobre el tapete de discusión. Su pertinencia radica tanto en el aumento del precio del crudo en el mercado como en el interés que China ha mostrado, desde que se establecieron relaciones entre los dos países, por la exploración y explotación petroleras.

Personalmente estimo que en el contexto costarricense debemos darle una vuelta a la cuestión y preguntarnos si las generaciones actuales tenemos el derecho de impedir que nuestro país alcance niveles de desarrollo y bienestar comparables a los de las sociedades del primer mundo, gracias a la explotación de sus recursos naturales, entre ellos el petróleo. Personalmente creo que no podemos arrogarnos ese derecho. De lo que sí tenemos todos obligación es de velar porque la explotación no maltrate el medio ambiente, y porque la riqueza no sea despilfarrada o que solo aproveche a una minoría que de por sí ya tiene un nivel de bienestar comparable, o hasta superior, al de muchos ciudadanos del llamado Primer Mundo.

Vargas Cullel. Para evitar tales escollos, como muy sabiamente dice el proverbio popular: “No hay por qué volver a inventar el agua tibia”. Llegada la hora, podremos inspirarnos y aprender de los noruegos.

Ellos han sabido combinar la explotación petrolera con un auténtico cuidado del medio ambiente. De hecho no han contaminado el mar del Norte. Y con sano juicio de campesinos sesudos y frugales tampoco han tirado la plata por la ventana, aunque son los más solidarios con los pobres de la tierra.

Así, entre la multitud de informaciones del librito de bolsillo deThe Economist, Noruega figura como número 1 entre los países donantes con el porcentaje más alto del mundo: 0,94% de su producto interno bruto. No hay razón para condenarse uno mismo a la pobreza; ni tampoco derecho a condenar a ella a nuestros semejantes.

Hay que ser responsables, eso sí, y a nivel nacional exigir una legislación apropiada. Es recomendable que Costa Rica pida, a la hora de decidir la explotación petrolera, ayuda, consejos y asesoramiento a Noruega, que ya los ha brindado a muchos otros países, entre ellos a Chile para el buen manejo de los grandes beneficios que la explotación del cobre le está dejando, precisamente porque la China le compra tanto mineral como puede producir. Así habría buenas posibilidades de evitar que se realice la visión apocalíptica de Vargas Cullel, expuesta en su brillante “Enfoque”, de sabroso sabor cortazariano, aparecido enLa Nación el pasado 15 de noviembre.

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