Costa Rica, Jueves 13 de diciembre de 2007

/OPINIÓN

Estadísticas Resultados Posiciones Calendario Jugadores

J. Federico Campos C. | fcamposcr@gmail.com

Las tenis de Mariana...

Abogado penalista

Recientemente, por motivos laborales viajé en auto a la zona fronteriza con Panamá y aproveché para comprar un par de tenis para mi pequeña hija Mariana.

De regreso a la capital, imaginé la carita de felicidad que pondría mi hija, apenas viera el obsequio que le traía papá. A la vez, me inquietaba un poco pasar por un lugar que tiene la ingrata fama de ser uno de los más peligrosos del país, por el alto índice de accidentes de tránsito que allí ocurren: el Cerro de la Muerte.

Todo transcurrió con normalidad hasta que empecé a ascender el Cerro. Es que resulta impresionante cómo en esa carretera (caracterizada por su estrechez, muchas curvas y poca visibilidad debido a la espesa neblina y pertinaz llovizna) muchos conductores rebasan sin cesar y parecen kamikazes por la forma suicida en que adelantan.

Letal presión. Asimismo, estos conductores presionan persistentemente a quienes van adelante para que apuren el paso, con el fin de que se acorte lo más pronto la hilera de autos que provoca un vehículo que transita más lento que todos. Es inevitable la presión que uno siente porque pitan de forma incesante, hacen cambios de luces o gesticulan para que uno realice las mismas maniobras que harían ellos.

Debo confesar que en una ocasión cedí a la presión a que me sometía el conductor de un tráiler que venía detrás de mí, y, pese a la poca visibilidad que tenía, adelanté a otro tráiler.

Esta torpe decisión me puso a milímetros de colisionar con un autobús que me topé de frente. Cuando vi ese carrote al frente, me puse de todos los colores y no dudo que el blanco fue el tono más connotado en esos segundos de tensión; sin embargo, gracias a Dios, nada lamentable sucedió y pude evitar la colisión.

El resto del camino me recriminé mil veces haber caído en la tentación de rebasar aquel tráiler en una zona insegura, sólo para complacer el apuro del conductor de atrás, colocando en riesgo mi vida.

Fundado desvelo. Horas después, cuando arribé, sentí una emoción indescriptible al ver la cara de alegría que puso mi hija cuando le mostré las tenis nuevas, así como el abrazo y el beso que me regaló. Esa noche la pasé en vela pensando qué habría sido de mi hija si ese día hubiera sucedido una fatalidad.

Por una decisión torpe, estuve a punto de nunca entregar las tenis a mi hija. Por desgracia, muchos no pueden narrar jamás una experiencia similar, ya que una mala decisión suya o de otro conductor les costó la vida.

Ojalá en esta época de Navidad reflexionemos profundamente que conducir un vehículo conlleva muchas decisiones, y que la vida se nos puede ir muy fácil si no asumimos esa tarea con responsabilidad.

ARCHIVO COLUMNISTAS
EN VELA
JULIO RODRÍGUEZ
EN GUARDIA
JORGE GUARDIA
AL GRANO
EDGAR ESPINOZA
OJO CRÍTICO
RODOLFO CERDAS
ENFOQUE
JORGE VARGAS
POLÍGONO
FERNANDO DURÁN
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Fax Horóscopo Cartelera de cine
| GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS DE LA NACIÓN | ANÚNCIESE EN LA NACIÓN | TARIFARIO DE LA NACIÓN | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS